David se había alistado en la academia militar a los dieciocho años.
Ya llevaba doce años en el ejército y había entrenado a innumerables reclutas.
Hombres y mujeres por igual.
Había visto gente con talento.
Pero nunca a alguien tan excepcional.
No solo su postura era perfecta, sino que su mirada era firme, profunda y llena de una determinación inquebrantable. Mantenía la vista fija al frente, con una fuerza que parecía capaz de atravesar cualquier cosa, como si nada en el mundo pudiera perturbarla.
En ese momento.
Incluso David, un militar en servicio activo, ¡se sintió profundamente impactado!
Le hizo dudar si ella alguna vez había estado en un campo de batalla.
Si solo hubiera servido en el ejército, no tendría esa mirada.
Pero era una estudiante de primer año.
Apenas tendría unos veinte años.
¿Cómo era posible que hubiera servido en el ejército?
David reprimió su asombro y continuó:
—¡Úrsula, un paso al frente!
Su voz resonó con fuerza.
Al oírlo, todos en el Grupo 3 contuvieron el aliento por Úrsula.
«Se acabó».
«Este tipo va a atormentar a nuestra diosa».
Abril entrecerró los ojos, casi a punto de reírse a carcajadas.
«Ahí viene, ahí viene, por fin».
«Mi tío va a empezar a ‘cuidar’ de Úrsula».
Parecía que esta vez, Úrsula de verdad iba a tener mala suerte.
Y de la grande.
Después de todo, con los demás, David solo soltaba unos cuantos regaños, pero a Úrsula la hizo salir de la fila.
¡Eso demostraba cuánto la detestaba!
Al pensar en esto, los ojos de Abril se llenaron de satisfacción.
Estaba ansiosa por ver cómo David humillaba a Úrsula delante de todo el Grupo 3.
Esa escena.
¡Seguro que sería espectacular!
Al oír la orden, Úrsula dio un paso adelante y miró a David.
—¡A la orden!
En ese momento, David también la miró a los ojos y no pudo evitar que un atisbo de sorpresa apareciera en su mirada.
La mirada de esa chica era increíblemente clara.
Tan clara que parecía no tener ninguna impureza.
Él era instructor y oficial, un oficial que había sobrevivido a combates reales. Cuando los otros estudiantes lo miraban, sus ojos reflejaban o bien respeto, o bien miedo, y algunos incluso admiración y gusto.
Y no solo los estudiantes.
Incluso la gente en el ejército, al verlo, actuaba como ratones frente a un gato.
Pero en la mirada de Úrsula no había nada de eso.
Ni miedo.
Ni admiración, ni gusto.
Ni siquiera respeto.
Era como si…
Quien estuviera frente a ella no fuera un instructor, ni un oficial, sino una persona común y corriente.
Lo más inquietante era que, a través de su mirada, David creyó ver a otra persona, una sensación de extraña familiaridad.
Por un instante, David se sintió un poco desorientado. Entrecerró los ojos, un brillo agudo cruzó su mirada.
Pasaron más de diez segundos antes de que David reaccionara. Reprimiendo todas sus dudas, continuó:
—Úrsula, pasa al frente de la formación.
Úrsula avanzó.
Al oír las palabras de David, Abril se emocionó aún más.
¿Hacer que Úrsula pasara al frente de la formación?
¡Cielos!
Parecía que David odiaba a Úrsula más de lo que ella había imaginado.
Si no, no la habría llamado al frente de todos.
¿Qué diferencia había entre eso y humillarla públicamente?
¡Sí!
Tenía que ser eso.
Por muy íntegro que fuera David, no dejaba de ser un hombre, y ningún hombre es inmune a la tentación de la belleza.
Por lo tanto, David debía de haber caído rendido ante el rostro de Úrsula.
Abril estaba que echaba chispas.
¿Qué clase de tío era David?
Ella era su sobrina directa.
Unidos por la sangre.
Si David tenía que elegir a una monitora, debería haberla elegido a ella, su sobrina.
Pero no solo no la eligió a ella.
¡Sino que eligió a Úrsula!
La monitora podía ser cualquiera.
Pero de ninguna manera podía ser Úrsula.
¿Quién se creía que era Úrsula?
¡Solo una cara bonita!
No lo aceptaba.
¡Simplemente no lo aceptaba!
Bajo el sol abrasador, Abril sentía que iba a desmayarse de la rabia, su respiración se agitaba.
Después de usar a Úrsula como ejemplo para mostrar a todos la forma correcta de mantener la postura, David se volvió hacia ella y le preguntó:
—¿Sabes marchar?
—Sí.
—Haz una demostración para todos. A mi orden —continuó David—. ¡De frente, marchen!
David pensaba que Úrsula simplemente sabía marchar.
Pero nunca imaginó…
¡Que lo haría con tanta elegancia y poder!
Al marchar, normalmente se necesita un grupo grande para crear un efecto imponente, ¡pero ella sola marchaba con la fuerza de un batallón entero, con el ímpetu de una nación!
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...