Justo en ese momento, alguien en la multitud exclamó.
Todos levantaron la vista y, en efecto, vieron a Israel caminando hacia ellos. Parecía envuelto en un aura gélida que infundía temor.
Aunque era joven, su presencia imponente eclipsaba a todos los presentes.
Los ojos de Xavi brillaron y se acercó a él con una sonrisa servil.
—Señor Ayala, su presencia en la fiesta de la familia Ojeda es un gran honor para nosotros.
Israel nunca asistía a este tipo de eventos. Si había venido hoy, seguramente era porque Álvaro estaba aquí, y venía a buscarle problemas.
Al pensar en esto, Xavi entrecerró los ojos. Parecía que esta vez, Álvaro estaba acabado.
—Señor Ayala, debería haber llegado antes. No tiene idea, mientras no estaba, ese tal Álvaro no…
No había terminado de hablar cuando el rostro de Israel se contrajo y le lanzó una patada.
—¡No eres digno ni de mencionar el nombre del señor Olmedo!
*¡Pum!*
Israel sabía pelear. La patada mandó a Xavi al suelo, donde se acurrucó de dolor, con la frente cubierta de sudor frío.
¿Qué estaba pasando?
¿No se suponía que Israel no creía en el matrimonio?
¿No se suponía que despreciaba a Úrsula?
Por esa razón, Xavi había querido aprovechar la oportunidad para quejarse de Álvaro frente a Israel, para que supiera las barbaridades que había dicho mientras él no estaba.
Pero no esperaba que, apenas mencionar el nombre de Álvaro, recibiría una patada.
¡Y lo más aterrador era que Israel se había referido a Álvaro como «señor Olmedo»!
Al ver la escena, todos se quedaron atónitos. Se miraron unos a otros, sin poder creer que Israel hubiera atacado a Xavi de repente.
¿Acaso… estaba defendiendo a Álvaro?
Mientras todos intentaban procesar lo que había pasado, Israel se acercó a Álvaro y, frente a todos, dijo con respeto:
—Señor Olmedo, primero que nada, quiero pedirle una disculpa. No cumplí con mi deber como novio. Si hubiera visto antes las tendencias en Twitter y aclarado las cosas, no habríamos llegado a esta situación.
»Admito que no creía en el matrimonio, pero eso fue antes de conocer a Ami. Desde que la conocí, sueño todos los días con casarme con ella, quiero que se convierta en la matriarca de los Ayala. Ya no soy de los que no se casan.
»Le agradezco que hace cuatro años me diera la oportunidad de cortejar a Ami y de estar a su lado. Hoy, aquí, le prometo que encontraré al culpable detrás de la campaña de desprestigio en Twitter que busca dañar a Ami y nuestra relación. ¡Le daré a Ami la justicia que merece!
»Señor Olmedo, ¿podría darme una oportunidad para enmendar mi error?
En ese instante, el salón de fiestas quedó en un silencio sepulcral.
Nadie esperaba un giro así en los acontecimientos.
Y mucho menos que el gran señor Ayala, por amor, se humillara de esa manera frente a Álvaro y ante tanta gente.
Resulta que todo lo que Álvaro había dicho era verdad.
El imponente señor Ayala, ante Úrsula, no era más que un pretendiente.
¿Y ahora qué?
¿Qué iban a hacer ahora?
Si hubieran sabido cuánto amaba Israel a Úrsula, no se habrían burlado de Álvaro.
Conociendo los métodos de Israel, acabar con alguien era algo muy sencillo para él.
Nadie sabía cuán arrepentidos estaban en ese momento aquellos que se habían burlado de Álvaro.
Conociendo la mano dura de Israel, estaba seguro de que no lo perdonaría ni a él ni a la familia Ojeda.
***
Israel llevó personalmente a Álvaro a su casa.
—Señor Olmedo, no se preocupe, resolveré lo de Twitter lo antes posible.
Álvaro asintió.
—De acuerdo, entonces ya me voy.
—Con cuidado.
Solo cuando la figura de Álvaro desapareció tras la puerta de la casa Solano, Israel se dio la vuelta y regresó al carro.
Apenas se sentó, su expresión cambió por completo. Miró a Esteban, que estaba en el asiento del conductor, y con una voz gélida, como si fuera otra persona, preguntó:
—¿En qué punto está la investigación?
Esteban respondió:
—Tío, ya eliminamos todas las publicaciones que difamaban a la reina Úrsula en Twitter. Además, descubrí que todo esto fue obra de Beatriz.
—Bien. Beatriz, ¿eh? ¡Muy bien!
Esteban se giró para mirar a Israel.
—Tío, déjeme encargarme de Beatriz. Le aseguro que no tendré piedad.
—No —dijo Israel, con los ojos entrecerrados y un brillo peligroso—. De ella me encargo yo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...