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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1073

¡Tarjetas de edición limitada de cajas sorpresa!

¡Las mismas que le había rogado a su papá por dos meses sin conseguirlas!

Al escuchar eso, la cara de Lápiz cambió al instante. Tomó las tarjetas con ambas manos.

—¡Gracias, tío! ¡Qué amable es usted, tío! ¡Pase, por favor, tío!

Al final, hasta se inclinó ligeramente, haciendo un gesto de «pase usted».

«Ay, tía, perdón. La verdad es que no soy tan rudo como pensaba».

—¡Jajajajaja! —El adorable Lápiz hizo que los invitados se rieran a carcajadas.

Ni siquiera el equipo del novio se esperaba que Israel hubiera convencido a Lápiz con solo un montón de tarjetas.

Superado el obstáculo de Lápiz, llegó el turno de los trece hermanos.

Israel fue saludando uno por uno:

—Hermano, hermano, hermano… hermano.

Blas lo miró fijamente.

—Mi hermana es el tesoro de nuestra familia, Israel. Si quieres casarte con ella, tendrás que beber las trece bebidas que nosotros mismos hemos preparado.

Dicho esto, un sirviente trajo una bandeja.

Aunque eran trece vasos, todos eran pequeños. En total, sumaban apenas unos 180 mililitros.

—De acuerdo, hermano. —Israel asintió y tomó el primer vaso.

Armando preguntó de inmediato:

—Hermano, ¿los padrinos y el resto del equipo podemos ayudar a beber?

Aunque las bebidas parecían inofensivas, Armando sabía que seguramente escondían alguna trampa.

—No se puede —negó Blas con la cabeza—. Tiene que beberlas el novio en persona.

—Hermano, entonces, salud.

—¡Vamos, muchachos! ¡A buscar a la novia!

Con Israel a la cabeza, el grupo subió corriendo las escaleras con gran alboroto. Al llegar a la puerta de la habitación de Úrsula, la golpearon con fuerza.

Arriba, el grupo de damas de honor, junto con Mateo e Ivy, bloqueaban la puerta.

—¿Quién es, quién es? ¿Quién está tocando?

—¡Los que venimos por la novia! —respondió el grupo de padrinos.

—¡Queremos sobres!

—¡Para darles los sobres tienen que abrir la puerta! ¿Cómo se los damos si no abren?

—Pásenlos por debajo de la puerta —respondió Dominika.

—No, no se puede. Los sobres del señor Ayala son muy gruesos, no caben por la rendija.

***

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