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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1106

En los días siguientes, Israel le aplicaba personalmente la crema cada noche. Así pasó un mes y las estrías, que antes eran visibles, casi desaparecieron.

Otras mujeres suelen subir un poco de peso durante la cuarentena, pero Úrsula no solo no engordó, sino que recuperó su figura muy bien.

Al terminar el primer mes, Montserrat, Marcela y Fabián consultaron el calendario y eligieron un día propicio para celebrar la fiesta de bienvenida de los bebés.

La familia Ayala y la familia Solano organizaron juntas una fiesta de presentación que conmocionó a toda la ciudad.

Después de la fiesta, Úrsula comenzó activamente su rehabilitación postparto. Recuperarse no era solo cuestión de figura; dar a luz causaba daños al cuerpo, los órganos internos se desplazaban, y ella había tenido trillizos, por lo que el impacto era mayor que en un parto normal.

Recuperar la figura era solo lo superficial.

El tiempo pasó.

Pasaron otros cinco meses.

Durante este tiempo, Úrsula tomó remedios para ayudar a su recuperación, recibió acupuntura e hizo ejercicios.

Tras seguir todo el proceso, se tomó el pulso y confirmó que su cuerpo estaba prácticamente recuperado.

Con el paso del tiempo, los tres pequeños se volvían cada vez más adorables. Israel, al llegar a casa cada noche, tenía que darle el biberón a su hija personalmente y arrullarla para dormir. Era un papá consentidor en toda la extensión de la palabra.

Incluso si la niña se le orinaba encima, él sentía que era una bendición.

Al regresar del trabajo por la noche, Israel ni siquiera se quitaba el saco antes de correr a cargar a su hija.

—¡Jade, ven a darle un abrazo a papá!

Úrsula, sentada en el sofá, lo detuvo.

—Quítate el saco primero y desinféctate.

Últimamente había mucha gripe.

Los adultos aguantaban, pero los bebés no, y había que prevenir.

—Sí, sí, voy.

Israel se quitó el saco de inmediato y abrió los brazos para que la empleada lo rociara con alcohol desinfectante.

Una vez desinfectado, Israel se frotó las manos y fue a cargar a su hija.

Al tenerla en brazos, primero le sonrió como tonto, luego frotó su nariz con la de ella y le besó la frente...

—¡Úrsula, mira! ¡Jade me está sonriendo!

—La Jade de papá es tan linda.

El pequeño Lucas le vomitó leche en toda la cara a Israel.

Esa leche ya llevaba un rato digiriéndose en el estómago del bebé, así que el olor no era precisamente agradable.

Israel se quedó petrificado.

Esa escena hizo que Úrsula estallara en carcajadas.

—¡Te lo mereces! Eso te pasa por preferir a la niña.

Israel le pasó el bebé a la enfermera de inmediato y corrió al baño a lavarse la cara.

Aunque los niños ya tenían casi siete meses, las seis enfermeras de la mansión Ayala no habían sido despedidas y seguían turnándose para cuidarlos.

Después de dormir a los tres niños, Israel y Úrsula regresaron a su habitación.

Israel tenía que atender algunos asuntos de trabajo.

Úrsula fue a asearse.

Cuando salió, Israel ya estaba acostado en la cama.

—Úrsula.

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