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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1115

—Buaaa...

Al escuchar eso, Jade hizo un puchero y rompió a llorar.

De los tres hermanos, Jade era la que más se parecía a Úrsula.

Tenía la piel muy blanca, unos ojos grandes y húmedos como uvas, pestañas rizadas y largas, una nariz alta y recta, y facciones profundas y muy distintivas. Llevaba el cabello atado en dos adorables colitas.

Cuando lloraba, daban ganas de traerle las mejores cosas del mundo y ponerlas a sus pies.

A Montserrat se le partió el corazón al instante. La cargó de inmediato, la llenó de besos y luego le entregó el patito amarillo.

—Ya, ya, está bien, no llores, no llores. ¡La abuela solo estaba jugando con Jade! A quien más quiere la abuela es a Jade.

Al escuchar esto, Jade sostuvo el rostro de Montserrat, le dio un gran beso en la mejilla y sonrió feliz.

Al ver a su nieta tan espabilada, Montserrat se sintió aliviada.

—Mi querida Jade, entiendes todo, ¿por qué será que no hablas?

Realmente estaba preocupada.

¿Qué harían si su nieta nunca pudiera hablar?

—Mamá, no te angusties —dijo Julia acercándose con su nieto de la mano—. Hasta Úrsula dice que Jade no tiene ningún problema, deja de preocuparte por nada.

Jasper, el hijo de Esteban y Alina, era cinco meses mayor que los trillizos; tenía dos años y tres meses. Le encantaba jugar con ellos.

Al ver que Jade había llorado, Jasper sacó un dulce de su bolsillo y se lo ofreció.

—Jaaade, Jaaade, no llores, dulce.

El niño de dos años todavía no hablaba con mucha claridad, pero ya sabía compartir sus dulces.

Jade tomó el dulce que le ofreció Jasper y sacó de su propio bolsillo una barrita de queso que guardaba como un tesoro para dársela a él.

Como su mamá decía que los niños solo podían comer una barrita de queso al día, Jade siempre la guardaba para comérsela antes de lavarse los dientes en la noche.

Jasper tomó la barrita.

—¡Gracias!

***

Mientras tanto, Úrsula había quedado de verse hoy con dos compañeras de la universidad para comer.

Mientras platicaban, Selena entró desde la calle acompañada de un joven de unos treinta años.

—Úrsula, Minerva, perdón, había algo de tráfico. —Selena tomó la mano de su novio y dijo con una sonrisa radiante—: Les presento a mi novio, Orión Rowland. Orión, ella es Minerva y ella es Úrsula.

Orión miró a ambas.

—Señorita Méndez, señorita Morales, mucho gusto. Me llamo Orión. Soy el novio de Selena.

Después de sentarse, Orión se comportó como todo un caballero y la charla fue bastante amena, solo que Orión miraba su celular de vez en cuando, como si estuviera buscando algo en el navegador.

Selena no notó esos detalles y dijo sonriendo:

—Orión, mis dos compañeras son increíbles, especialmente Úrsula. Poco después de casarse tuvo trillizos, niño y niña, lo tiene todo.

Al escuchar esto, Orión dejó los cubiertos, miró a Selena y aprovechó el comentario:

—Amor, pues entonces hay que casarnos rápido y tener un hijo, ¡para que en el futuro seamos consuegros de la señorita Méndez y el señor Ayala! Si tenemos niño, que se case con su hija; y si tenemos niña, ¡pues que se case con uno de sus hijos.

Dicho esto, Orión miró a Úrsula.

—Señorita Méndez, usted y Selena se llevan tan bien, seguro querrá que esta amistad perdure, ¿no? ¿Qué le parece mi propuesta?

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