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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1118

Esta era la primera vez que Selena se enamoraba.

Y también era una relación con miras al matrimonio.

De lo contrario, no habría traído a Orión para que conociera a Úrsula y a Minerva.

Por eso, Selena esperaba con ansias la respuesta de Minerva.

Minerva se giró para mirar a Selena y arqueó una ceja.

—Selena, ¿quieres que te diga la verdad o prefieres una mentira piadosa?

Selena puso los ojos en blanco con exasperación.

—¡Pues claro que la verdad!

¿De qué servían las mentiras?

Minerva asintió y habló con mucha seriedad:

—La verdad es que no te conviene, ustedes dos no son del mismo mundo.

Selena era amable, apasionada y con valores firmes. Ellas tres compartieron dormitorio por años y nunca buscaron aprovecharse la una de la otra.

Pero Orión, apenas llegó, quiso asegurar un parentesco con Úrsula.

¡Eso fue de muy mal gusto!

Si no fuera por Selena, Minerva no se sentaría a comer con alguien así.

¿No le convenía?

Selena jamás esperó escuchar esa respuesta de boca de Minerva.

A ojos de Selena, su novio tenía facciones agradables, buen cuerpo, medía 1.76, que si bien no era 1.80, tampoco era bajito. Tenía maestría de una buena universidad, su familia tenía negocios y él tenía buenos principios.

Selena pensaba que Minerva diría que hacían buena pareja...

Al oír esa respuesta, Selena sintió un bajón y preguntó de inmediato:

—Pensé que era algo grave, resulta que le tienes idea a mi novio por lo del compromiso de los niños. En realidad, solo es su forma de presionarme para casarnos, su objetivo no es emparentar con Úrsula ni nada de eso.

Minerva: "......."

Nunca supo que Selena pudiera ser tan ciega por amor.

Con lo obvio que era Orión, y ella pensando que solo quería casarse.

Al ver la cara de Minerva, Selena continuó:

—Minerva, créeme, Orión tiene muchas ganas de casarse conmigo, ¡por eso usa lo de los bebés como indirecta! Él es muy directo, no sabe dar rodeos. No te tomes sus palabras tan a pecho, haz de cuenta que no dijo nada.

Para Selena, Orión la amaba tanto y deseaba tanto casarse con ella, que recurría a esas locuras.

Minerva frunció el ceño disimuladamente.

—Selena, el amor te ciega. Aunque fuera solo para presionarte, ¡no tenía por qué insistir tanto! Además, ¿notaste algo?

—¿Qué cosa?

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