Minerva aún no podía creerlo.
—Úrsula, míralo bien otra vez, ¿seguro que no es falso?
—No es falso —afirmó Úrsula.
Minerva entrecerró los ojos.
—Entonces, ¿qué se trae ese Orion entre manos?
¿Cómo un patán que engaña con bufandas de oferta puede volverse de repente tan generoso?
No es normal.
¡Es demasiado sospechoso!
—Minerva, deja de especular. Orion no es el tipo de persona que imaginas —dijo Selena y añadió—: Por cierto, ¿saben cuánto dio su familia de dote?
—No —negó Minerva.
Úrsula comentó:
—Si ya sacaron el brazalete familiar, la dote debe ser de más de doscientos mil pesos.
—¡Le atinaste, Úrsula! Su familia dio medio millón de pesos. Úrsula, quizá medio millón de pesos no sean nada para tu familia, pero la familia de Orion es clase media, ¡ medio millón ya es una gran muestra de sinceridad!
Minerva continuó interrogando:
—¿Se los dio en efectivo o en tarjeta?
—Hicieron una transferencia directa a mis padres —respondió Selena.
Minerva estaba sorprendida.
—¿En serio? Me cuesta creerlo. ¡Que ellos suelten casi seiscientos mil pesos! He oído que la madre de Orion, esa tal Norma, no es una mansa paloma.
Como Orion era el novio de Selena, Minerva había estado investigando un poco sobre su familia últimamente.
Por eso, aunque algunas palabras fueran duras, tenía que decirlas.
Lo que decía Úrsula tenía mucho sentido. Si Selena hubiera hecho memoria, se habría dado cuenta de que la actitud de Orion hacia ella cambió radicalmente después de conocer a sus amigas.
Al oír esto, Minerva reaccionó de inmediato:
—Selena, probablemente Orion vio que eres amiga íntima de Úrsula y se le prendió el foco para usar a Úrsula como trampolín. Ahora sospecho seriamente que se quiere casar contigo solo por el estatus de Úrsula. Si no la hubiera conocido ese día, seguro no te pedía matrimonio.
Aunque Minerva sabía que no estaba bien especular con malicia sobre los demás, sentía que desde el principio Orion nunca había sido sincero con Selena.
Al escuchar esto, las emociones de Selena estallaron. Se puso de pie de golpe.
—¡Minerva! ¿Qué quieres decir? ¿Tan poca cosa soy para ti? Cuando tú te casaste, yo te felicité. ¿Y ahora que yo me caso? ¡Mira lo que dices! Te aviso que llevo aguantándome desde el primer día que mi novio las conoció. ¿Quién te crees que eres? ¿Qué derecho tienes a hablar así de mi novio? ¿Te duele verme feliz o qué? Desprecias a mi novio, ¿y el tuyo qué? Un simple campesino que vino de la nada. ¡Ah, se me olvidaba, tú también eres una pueblerina! ¡Ustedes dos son tal para cual!
Luego miró a Úrsula y gritó con furia:
—¡Y tú, Úrsula! No te creas tan importante. Te sientes superior a nosotras solo porque naciste en cuna de oro y te casaste bien, ¿no? Si no fueras la hija de la familia Solano, ¿qué serías? Sin ese apellido, ¿crees que el señor Ayala te habría volteado a ver? ¡No olvides que eres divorciada! ¡Mi novio al menos no se ha divorciado nunca! ¡No voy a permitir que ustedes lo señalen!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...