Justo cuando Leticio sacó su celular para llamar a una ambulancia, Selena aprovechó su descuido y le cubrió la nariz con otra toalla.
Cuando Leticio se dio cuenta de que algo andaba mal con Selena, su conciencia ya comenzaba a desvanecerse.
No se sabe cuánto tiempo pasó.
Minerva abrió los ojos lentamente.
Lo primero que vio fue a Bárbara sentada frente a ella.
Minerva reaccionó, intentó levantarse, pero se sorprendió al descubrir que estaba atada y no podía moverse.
Leticio estaba sentado a su lado.
—¡Leticio, amor! —lo llamó Minerva con angustia.
Leticio tenía los ojos cerrados y no respondía.
—Por fin despiertas, te he estado esperando mucho tiempo —dijo Selena.
Minerva miró a la supuesta Bárbara.
—¡Selena! ¡¿Eres tú, verdad?!
Selena soltó una risa ligera y se quitó el cubrebocas.
—Así es, soy yo.
La razón por la que Selena esperó a que Minerva despertara era para ver su reacción al verla.
Minerva entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres?
Selena sacó un cuchillo de fruta de su espalda.
—Como ves, vine a mandarlos al otro mundo.
Al escuchar esto, un escalofrío recorrió el cuerpo de Minerva.
Nunca había sentido a Selena tan extraña como en ese momento.
—¡Estás loca! —continuó Minerva—. Matar es un delito, vete de mi casa ahora mismo y, por los viejos tiempos, no te denunciaré.
—¿Por los viejos tiempos? ¿Acaso tuvimos buenos tiempos? —Selena sonrió—. De todos modos ya maté a tres, un par más solo hará el camino al infierno más animado.
¿Ya mató a tres?
¿Acaso...?
—¿Por qué? —Selena enloqueció en ese instante—. Minerva, ¿tienes el descaro de preguntar por qué? Si llegué a esto fue porque tú y Úrsula me orillaron. Si me hubieran ayudado, ¿cómo habría terminado en este camino sin salida?
Dicho esto, Selena levantó el cuchillo llorando:
—¡Minerva, te voy a matar!
Minerva cerró los ojos del susto.
En ese momento, Leticio abrió los ojos de golpe.
—¡Selena! ¡Si vas a matar a alguien, mátame a mí primero!
Selena se quedó atónita, miró a Leticio y sonrió torcidamente.
—No te preocupes, en cuanto acabe con Minerva, sigo contigo. Espérense para reunirse en el infierno.
Minerva gritó de inmediato:
—¡Selena, esto es entre tú y yo, Leticio no tiene nada que ver, no le hagas nada!
—Ja —una luz de sarcasmo cruzó los ojos de Selena—, ¡qué pareja tan amorosa!
Y diciendo esto, Selena levantó el cuchillo y lo clavó con fuerza en el abdomen de Minerva.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...