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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1201

Ni siquiera el director del hospital tiene esa clase de influencia.

Leticio negó con la cabeza, tratando de restar importancia.

—Doctor Martínez, creo que hay un malentendido. Mi esposa y la señora Ayala fueron compañeras en la universidad. Si ella vino a operar a mi mujer, fue puramente por los viejos tiempos y el cariño que se tienen como excompañeras.

Leticio no quería utilizar la relación de Minerva con Úrsula Méndez para presumir.

Además, en Villa Regia había demasiada gente buscando colgarse de la fama de Úrsula.

Si se corría la voz de que Minerva y Úrsula eran íntimas, ¿qué pasaría si alguien le pedía que intercediera ante Úrsula por algún favor?

¿Cómo podría negarse?

Leticio era un hombre sensato.

Sabía que no debía causarle problemas a Úrsula.

El doctor Martínez asintió, sin darle más vueltas al asunto, y suspiró con admiración:

—¡Entonces la señora Solano es realmente una persona leal y noble!

—La señora Ayala siempre ha sido una gran persona —añadió Leticio.

***

Por otro lado.

Varios policías montaban guardia frente a la unidad de Terapia Intensiva con caras largas.

Selena Robles, la principal sospechosa, estaba en coma, lo que impedía avanzar con el caso.

Y lo que era más grave: según el testimonio de Leticio, Selena podría ser responsable de otras tres muertes.

Aunque sus compañeros ya estaban investigando esa pista, necesitaban la cooperación de Selena.

*Tac, tac, tac.*

En ese momento, se escucharon pasos firmes acercándose.

La capitana Blasco reaccionó de inmediato y levantó la vista.

—Haré todo lo que pueda.

Úrsula ya había revisado el historial de las lesiones de Selena. Si no estuviera segura de poder hacerlo, no habría aceptado el reto.

Poco después, ingresaron a Selena al quirófano.

Los policías esperaron fuera.

En ese momento, llegaron corriendo los señores Robles.

—¿Cómo está mi hija? —preguntó la señora Robles llorando.

Estrella miró a la mujer.

—Está en cirugía. Su hija intentó suicidarse después de un intento de homicidio. Los médicos dicen que su vida corre peligro, así que deben estar preparados para lo peor.

Al escuchar esto, la señora Robles rompió en un llanto desgarrador.

—¡Ay, mi Selena! ¡¿Cómo pudo pasarte esto?! Si apenas ayer hablé contigo por videollamada —decía entre sollozos, y de repente, se arrodilló frente a Estrella—. ¡Oficial, oficial, tienen que estar equivocados! Mi hija ha sido una niña buena y excelente toda su vida, tiene un corazón de oro. ¡Ella sería incapaz de intentar matar a alguien! ¡Esto es un malentendido!

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