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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 1204

Después de soltar su discurso, la señora Robles puso cara de triunfo.

Estaba segura de que esos policías que la habían molestado se arrepentirían amargamente al oírla.

¿Quién era Úrsula?

La figura más importante de la alta sociedad de Villa Regia.

Esos oficiales de poca monta se estaban buscando la ruina al ofender a la mejor amiga de alguien tan poderosa.

Si Úrsula quisiera, podría acabar con ellos en un abrir y cerrar de ojos.

Justo cuando la señora Robles esperaba que Úrsula defendiera a Selena...

Úrsula se sacudió la mano de la mujer con brusquedad, y su rostro se volvió gélido.

—¿A quién llamó zorra?

—A... ¡a esa mujerzuela! —La señora Robles se quedó pasmada un instante, pero insistió—. Si no fuera una amante, ¿por qué mi Selena querría matarla? Señora Méndez, ¡no se deje engañar por esa víbora!

La señora Robles asumió que la frialdad de Úrsula se debía a que no conocía la historia completa.

Así que continuó:

—Señora Méndez, usted conoce a Selena mejor que nadie, sabe que no es conflictiva. ¡Esa mujer fue demasiado lejos! Como mejor amiga de Selena, ¡usted tiene que defenderla!

Cada frase de la señora Robles recalcaba la supuesta amistad entre Selena y Úrsula.

Quería asegurarse de que todos oyeran y de que Úrsula no olvidara su lealtad.

Siendo amigas, Úrsula no podía quedarse de brazos cruzados ahora que Selena estaba en problemas.

—Ni siquiera sabe quién es la víctima y ya está inventando calumnias. ¡Llamando amante a la víctima! La educación se mama en casa. ¡Si Selena terminó así, es por tener padres tan irracionales como ustedes! —Úrsula miró fijamente a la señora Robles y sentenció sílaba por sílaba—: Y escuche bien: ¡Selena y yo dejamos de ser amigas hace mucho tiempo!

¿Dejaron de ser amigas?

La señora Robles miró a Úrsula con incredulidad.

¿Por qué?

Aunque la señora Robles estaba furiosa por dentro, no lo demostró. Forzó una sonrisa y se acercó a Úrsula de nuevo.

—Señora Méndez, ¿hubo algún malentendido con nuestra Selena? ¿Hizo algo que la molestara?

Tenía que agachar la cabeza.

¡La señora Robles todavía contaba con ese departamento para que su hijo se casara!

Si no, ¿por qué iba a humillarse frente a Úrsula?

Con la situación actual de la familia Robles, jamás podrían comprar una propiedad así.

Úrsula, harta de la desfachatez de la mujer, la ignoró y siguió caminando.

La señora Robles corrió tras ella, angustiada.

—¡Señora Méndez! ¡Señora Méndez, escúcheme! Si Selena hizo alguna tontería y la ofendió, le pido perdón en su nombre, ¡no se lo tome a pecho! Si la perdona, ¡haré lo que usted me pida!

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