Úrsula sonrió.
—Te concedo un deseo.
Israel la miró fijamente, su voz profunda con un matiz ronco casi imperceptible.
—Una buena oportunidad no se puede desperdiciar. Prefiero guardármelo para después. ¿Te parece? —preguntó, sus ojos oscuros e intensos la miraban como si quisiera absorberla.
—Está bien —respondió Úrsula con una sonrisa—. Pero no te confíes, ¿eh? Sigue así.
—De acuerdo.
Úrsula le pellizcó suavemente la mejilla. A ella también le costaba creer que todo fuera real. Hacía apenas media hora, solo eran amigos.
***
Beatriz seguía parada frente a la cafetería, esperando que Israel saliera a declarársele.
De repente, escuchó exclamaciones entre la gente.
—¡Miren! ¡Cuántos globos!
—¡Qué bonito!
—¡Son en forma de corazón! ¡Seguro es una declaración!
—¡Miren, los globos salen de los Jardines del Aire del Rincón de Valverde! Escuché que hoy alguien había reservado todo el lugar. ¿Será para esto?
—¿Reservar todo el Rincón de Valverde para una declaración? ¡Dios mío, qué dineral!
Al oír esto, Beatriz levantó la vista.
En efecto, un sinfín de globos ascendía por el cielo. ¡La escena era espectacular!
«Israel de verdad me ama», pensó. «Hasta en el ensayo está soltando globos de verdad».
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Si toda esa gente supiera que la verdadera protagonista de la declaración era ella, seguro se morirían de envidia.
Si ya soltaron los globos, significaba que el ensayo estaba por terminar.
Pronto, muy pronto, Israel se le declararía en persona. Beatriz sentía el corazón desbocado.
Justo en ese momento, un globo rosa, arrastrado por la brisa, flotó hasta una pareja que paseaba cerca. El chico, con rápidos reflejos, lo atrapó y se lo entregó a su novia.
—¡Wow, qué romántico! —exclamó la chica al recibirlo—. ¡Hasta tiene una frase de amor escrita!
«¿Una frase de amor?».
Al oír eso, Beatriz sintió que se le cortaba la respiración de la emoción.
No había que ser un genio para saber lo que decía: «Beatriz, te amo». O quizás: «Israel ama a Beatriz».
De otro modo, ¿cómo era posible que ese globo, precisamente ese, hubiera llegado justo frente a ella?
Era obvio que estaba planeado. Una intervención de Israel.
La verdadera declaración empezaba ahora.
Lo que seguía era que Israel, con un ramo de flores en la mano, caminaría hacia ella entre los globos, en contra del viento, y se le declararía delante de todos. Se arrodillaría y le pediría que fuera su novia.
Al imaginarse la escena, el corazón de Beatriz latía con fuerza, como un tambor desbocado.
—¡Qué vieja loca! —reaccionó por fin el chico de la pareja.
Pero Beatriz ya no oía nada. Apretó el globo con todas sus fuerzas.
*¡Pum!*
El estallido fue ensordecedor.
Un sobrecito cayó del interior del globo. El chico se agachó a recogerlo y, al ver que tenía algo escrito, lo leyó en voz alta:
—«Gracias por ser testigo de nuestra felicidad. Un pequeño detalle para desear que todos los enamorados terminen juntos».
La chica a su lado dijo de inmediato:
—¡Ábrelo! ¿Tendrá dinero?
—Seguro es una tarjeta —dijo él mientras lo abría—. No creo que tenga dinero de verdad. A menos que al que lo mandó le sobre.
Apenas terminó de hablar, sacó del sobre un billete de cien pesos y varios más pequeños. ¡Ciento dieciocho pesos en total!
¡Nadie esperaba que el sobre de verdad tuviera dinero!
—¡Dios mío! —exclamó la chica, emocionada—. ¡Qué dineral! ¡Ciento dieciocho pesos! ¡Que el dueño del globo y la señorita Méndez duren para siempre y tengan muchos hijos!
«¿Señorita Méndez? ¡Otra vez la señorita Méndez! ¡Una robamaridos no merece durar para siempre con Israel!».
Las palabras de la chica fueron la gota que derramó el vaso. Beatriz la miró con los ojos inyectados en sangre y le gritó:
—¡Cállate! ¡Cállate, maldita sea!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...