Pero esa mañana.
Los granos ya no estaban ni rojos ni hinchados; parecía que habían mejorado a la mitad.
Elvira había usado infinidad de cremas, pero ninguna le había dado un resultado tan sorprendente.
Era la primera vez.
Nadie podía imaginar lo emocionada que estaba.
Pensaba que la pomada de Úrsula no serviría de nada, y ahora le había dado una grata sorpresa.
De inmediato, hizo una videollamada por WhatsApp a Úrsula.
Úrsula contestó enseguida.
—Hola, Elvira.
—¡Ami, tu pomada es increíble! —exclamó Elvira, feliz—. Solo me la puse anoche y esta mañana mis granos ya están mucho mejor.
—Elvira, recuerda aplicarla tres veces al día durante una semana. En esa semana, intenta no maquillarte. Después, tus granos habrán desaparecido por completo —le indicó Úrsula.
—¿De verdad, Ami? Gracias. En cuanto se me quite el acné, te invito a un buen pozole.
—Claro que sí.
...
En la residencia de la familia Quiroz.
Beatriz había pasado la primera noche sin incidentes, lo que la hizo tomarse aún menos en serio las advertencias sobre la Montañesa. Si la serpiente era tan temible, con una distancia de cien kilómetros, ya debería haber llegado. No tenía por qué esperar más.
...
Mientras tanto, en el jardín trasero de la familia Quiroz.
Algo grande pareció deslizarse entre los densos macizos de flores. Bajo el sol, sus escamas reflejaron un destello de luz. Se movía con tal rapidez que era casi imperceptible a simple vista.
El jardinero que estaba podando notó algo extraño. Frunció el ceño y le dijo a su compañero:
—Néstor, ¿no sientes que algo no está bien en el jardín?
No sabía por qué, pero desde que había llegado esa tarde, una extraña inquietud lo embargaba.
—¿Qué no está bien? —respondió Néstor mientras extendía el césped—. Abel, me parece que te estás asustando solo. Apurémonos, que cuanto antes terminemos, antes nos vamos.
Al oír a Néstor, Abel no le dio más vueltas al asunto.
Beatriz, después de maquillarse, tomó su bolso y salió.
Llegó a un restaurante de lujo para la merienda.
—¡Voy a hablar con Yeray Quiroz ahora mismo! —dijo Marcela, frunciendo el ceño—. ¡Así es como educa a su hija!
—No es necesario —dijo Úrsula, deteniendo a Marcela—. Abuela, Beatriz pronto pagará las consecuencias de sus actos.
—Ami —dijo Marcela, mirando a Úrsula con duda—, ¿de verdad esa serpiente es tan peligrosa?
—En realidad, la Montañesa no es tan rencorosa —explicó Úrsula mientras comía un postre—. Pero el problema fue que Beatriz no escuchó las advertencias y se llevó los huevos. Por eso, es seguro que la serpiente irá a la casa de la familia Quiroz a vengarse.
Marcela asintió.
...
Como había pasado la noche anterior sin problemas, Beatriz no le dio mayor importancia al asunto. Después de aplicarse una mascarilla, se fue a dormir.
A las dos y media de la madrugada, un escalofrío la despertó.
Era una sensación extraña.
Como si algo liso y muy, muy frío se hubiera deslizado por la pernera de su pantalón y se hubiera metido en su cuerpo.
Entre sueños, Beatriz abrió los ojos y vio una aterradora cabeza de serpiente asomando por el cuello de su pijama, siseando.
El sueño se le esfumó de golpe y gritó.
—¡Ah!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...