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La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 671

El odio que Pedro Solano sentía ahora por Alejandra Garza era tan intenso como la confianza que una vez depositó en ella.

Deseaba poder aniquilarla.

¡Todo era culpa de Alejandra!

Si no fuera por ella, las cosas jamás habrían llegado a este punto.

¡Pedro estaba consumido por el rencor!

¡Un rencor que lo ahogaba!

Alejandra, por su parte, estaba en completo estado de shock. No sabía de dónde había sacado Pedro las pruebas, pero estaba segura de una cosa: en el estudio no había cámaras de vigilancia. Mientras no confesara, nadie podría culparla. No iba a dejarse pisotear por nadie.

—¡Yo no fui! ¡No fui! —sollozó, mirando a Pedro—. ¡Pedro, reacciona, por favor! Jamás robé los diseños. Soy tu hermana, la única familia que tienes en este mundo. ¿Cómo podría hacer algo para lastimarte?

Una mueca de puro sarcasmo se dibujó en los labios de Pedro.

Qué ironía.

Él también la había considerado su única familia. ¿Y ella? ¿Cómo le había pagado?

Nadie podía comprender la furia que lo carcomía. Levantó la mano y le asestó una bofetada con toda su fuerza.

¡Zas!

La cabeza de Alejandra se ladeó por el impacto. Vio estrellas y un hilo de sangre brotó de la comisura de sus labios.

Sin soltarla, Pedro la agarró del cabello y la obligó a mirarlo a los ojos.

—¡Dime por qué! ¿Por qué me apuñalaste por la espalda? ¿No tenías idea de lo mucho que confiaba en ti?

De pronto, recordó las palabras que Marcela le había dicho el día que se fue de la casa de los Solano. En ese momento, cada una de sus frases le pareció un insulto hacia Alejandra. Solo ahora entendía que cada palabra de Marcela había salido del corazón.

¡Qué estúpido!

¡Había sido un completo imbécil!

Todos a su alrededor habían visto la verdadera naturaleza de Alejandra. Todos, menos él.

Al pensar en esto, se dio una bofetada a sí mismo.

Alejandra merecía morir.

¡Y él también!

¡Él merecía la muerte!

—¡Yo no fui, de verdad que no! —insistía Alejandra, todavía en negación—. Pedro, ¿alguien te metió ideas en la cabeza?

—¡No me llames hermano! ¡No te atrevas! ¡No lo mereces!

Alejandra giró la cabeza hacia Marcos, que observaba la escena en silencio.

—Marcos, ¡ayúdame! ¡Dile algo! ¡De verdad que yo no robé los diseños!

Marcos sacó su celular.

—Si no los robaste tú, ¿entonces quién es la persona en este video?

Al ver la pantalla, Alejandra se quedó petrificada. Se quedó inmóvil en el suelo, clavando los dedos en el piso con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

¡El video!

¿No se suponía que la cámara del estudio estaba descompuesta? ¿Cómo lo habían conseguido?

Cada palabra de Alejandra era una daga afilada que se clavaba en el corazón de Pedro, hundiéndolo en un abismo de culpa.

Tenía razón. Alejandra tenía toda la razón.

Él había matado a Fernanda.

Todo era su culpa.

Nino-nino-nino…

En ese momento, el ulular de las sirenas rompió el silencio de la noche. Un grupo de policías uniformados entró en la casa.

Alejandra fue arrestada de inmediato por el robo de secretos comerciales.

Pedro y Marcos los siguieron en la patrulla.

Mientras tanto, en el Grupo Leduc, Sergio Zambrano estaba en la cima del mundo. Desde que anunciaron los nuevos diseños, el número de seguidores en sus redes sociales no paraba de crecer. Con el escándalo de plagio de Joyería CL en su punto más alto, el Grupo Leduc era el gran ganador. Sergio Zambrano solo tenía que sentarse en su oficina y contar el dinero.

Omar se acercó, entregándole una tableta con respeto.

—Señor Zambrano, Joyería CL acaba de publicar un nuevo comunicado.

¿Un nuevo comunicado? ¿Y qué?

Sergio Zambrano cruzó las piernas sobre el escritorio, adoptando una pose de magnate. Una sonrisa burlona se asomó en sus labios.

—No les hagas caso. Son solo patadas de ahogado.

No sentía el más mínimo remordimiento por lo que le había hecho a Joyería CL. ¿Y qué si sus métodos no eran del todo limpios?

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