Aunque Israel fuera muy tacaño, había que admitir que era guapo.
Y no solo guapo, sino de una belleza muy particular.
Eso era innegable.
Úrsula regresó de pasear al perro y encontró a sus padres y a su abuela reunidos, con expresiones muy serias.
Soltó la correa de Amanecer y preguntó con curiosidad:
—Abuela, papá, mamá, ¿de qué están hablando?
—Ami, ya volviste —dijo Álvaro, forzando una sonrisa.
—¿Pasó algo? —continuó Úrsula—. Papá, tu sonrisa se ve muy forzada.
—¿Tú… tú crees?
Úrsula asintió levemente.
—Mucho.
Marcela se humedeció los labios y trató de hablar con el mayor tacto posible.
—Oye, Ami… sobre lo que está en tendencias en Twitter, ¿qué opinas?
—¿Tendencias? ¿Qué tendencias? —Úrsula todavía no había tenido tiempo de revisar Twitter.
Dicho esto, abrió la aplicación.
En el instante en que vio la noticia, el cerebro de Úrsula se quedó en blanco.
«¡Dios mío!».
«¿Cómo pudo pasar esto?».
«¿¿¿Así nomás, nuestro romance secreto con Israel había salido a la luz???».
Antes de que Úrsula pudiera decir algo, Álvaro intervino con una risa nerviosa.
—Jiji… Ami, esta noticia es falsa, ¿verdad?
—Este… papá, es verdad. —Como ya todo se sabía, Úrsula decidió no ocultarlo más—. Sí estoy saliendo con Israel.
Álvaro: «…». Se le borró la sonrisa.
Valentina: «…». A ella también.
Marcela: «…». Y a ella.
Tras un momento, Marcela recompuso su expresión.
—No puede ser, Ami. Pero, ¿tú… tú cómo te fijaste en él? Ami, no es que la abuela piense que tienes mal gusto, es solo que me parece un poco raro. ¿Qué tiene de bueno Israel? ¿Por qué precisamente él?
—Es muy guapo, tiene buenos valores —dijo Úrsula, y luego bajó la voz—. Y además… abuela, tiene cuadritos.
¡Cuadritos!
Los ojos de Marcela brillaron.
Encontrar a alguien guapo no era difícil.
Pero encontrar a alguien alto, guapo y con cuadritos… eso sí era complicado.
Álvaro preguntó:
—Ami, ¿vas en serio con él?
—Sí, voy en serio —asintió Úrsula levemente.
*Crac…*
Álvaro creyó escuchar el sonido de su corazón rompiéndose.
Hizo un esfuerzo por calmarse.
—Ami, ya eres mayor de edad. Si quieres tener novio, tu padre no te lo va a impedir, pero tienes que prometerme que no te casarás antes de los veinticinco.
—Sí, no me voy a casar —dijo Úrsula con una sonrisa—. Papá, no te preocupes. Me quedaré siempre con ustedes, contigo, con mamá y con la abuela.
Con eso, Álvaro por fin pudo respirar tranquilo.
Mientras su hija no estuviera tan cegada como para querer casarse con Israel, todavía había esperanza de hacerla entrar en razón.
Marcela y Valentina también soltaron un suspiro de alivio.
***
—Está bien, te creeré esta vez.
Israel preguntó con cautela:
—Oye, jefa, y en tu casa… ¿el señor, la señora y la abuela Solano ya se enteraron de lo nuestro?
—Sí —asintió Úrsula.
Israel preguntó de inmediato:
—¿Y qué tal les caigo?
—Hablando de eso… —Úrsula se tocó la barbilla—, más o menos.
«Más o menos…».
Al oír eso, Israel respiró aliviado sin que se notara.
¡Menos mal que solo era «más o menos»!
Si la impresión hubiera sido muy mala, la cosa se habría puesto difícil.
***
Por otro lado, la abuela Blanco no tardó en averiguar que Montserrat iría de compras por la tarde.
Montserrat iba al centro comercial a comprarle un regalo a Úrsula.
La abuela Blanco vio a lo lejos a Montserrat caminando junto a Julia Ayala.
Detrás de ellas, tres o cuatro guardaespaldas cargaban las bolsas.
La abuela Blanco compuso su expresión y se acercó rápidamente.
—Montserrat, señorita Ayala.
Julia miró a la abuela Blanco.
—¿Y usted es?
La abuela Blanco habló con un tono adulador.
—Señorita Ayala, Montserrat. Soy la madre de Emiliano Blanco, del Grupo Blanco. Vine a buscarlas hoy para hablarles sobre la hija de la familia Solano. ¡Seguro no lo saben! Esa muchachita no es ninguna santa. ¡Es una mujer divorciada, de segunda mano!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...