Nolan no le daba la más mínima importancia a Fabián.
Un viejo solo y desamparado.
Gente como él, si moría, probablemente nadie lo notaría.
¿Y Úrsula?
Menos aún.
¡Una mocosa de veinte años!
Si pasaba algo, con cualquier cosa se le callaba la boca.
Uno era un viejo solo.
La otra, una huérfana abandonada.
¿Acaso iban a poner de cabeza a todo San Albero?
Había que saber que, desde la caída del Grupo Ríos y el traslado de AlphaPlay Studios a Villa Regia, en San Albero, aparte del Grupo Ayala, el Grupo Ponce era prácticamente el rey.
Nolan era el emperador de ese lugar.
Si esa huérfana, Úrsula, quería sacarle algún provecho, tendría que tener alguna conexión con el Grupo Ayala.
¿Pero era eso posible?
¡Una completa fantasía!
Al pensar en esto, una luz siniestra brilló en los ojos de Nolan. Se giró hacia Salvador y añadió:
—Te encargo este asunto. Si lo haces bien, tendrás tu recompensa.
—Sí, señor Ponce —respondió Salvador, emocionado—. No se preocupe, no lo decepcionaré. Haré un trabajo impecable.
Todos buscan mejorar su situación, y Salvador no iba a dejar pasar ninguna oportunidad para ascender.
«Ya verás, Méndez, viejo terco y malagradecido. Ahora sí vas a saber lo que es bueno».
***
Eran bolsas y cajas de todos tamaños, llenas de logos de marcas de lujo.
—¿Tanto? —dijo Úrsula, sorprendida—. La señora y Julia son demasiado amables. No puedo aceptar esto.
—No te sientas mal —le dijo Israel con una sonrisa y una voz profunda—. Eres mi novia, ¿qué tiene de malo recibir algunos regalos? Para nosotros, la familia Ayala, tener una novia tan increíble como tú es una bendición. Y que aceptes estos regalos es como si nuestros antepasados nos sonrieran desde el más allá. ¡Imagínate, antes querían hacer regalos y no tenían a quién! Si no los aceptas, cuando vuelva a casa, mi mamá y mi hermana seguro me van a regañar.
—¿Acaso vas a dejar que regañen a tu novio?
—Está bien —rio Úrsula—. Dales las gracias a la señora y a Julia de mi parte. Cuando tenga tiempo, las invito a comer.
—Perfecto —asintió Israel—. Si se enteran de que las vas a invitar, se pondrán muy contentas.
Úrsula llamó a un par de guardaespaldas de la entrada para que llevaran las cosas adentro.
Eran demasiadas.
Ella sola no podía con todo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera
Hola , me encanta la novela pero faltan los capitulo desde la 1156 a la 1180...