Entrar Via

La Cenicienta Guerrera romance Capítulo 988

Israel no podía creer su mala suerte.

¡Que los padres de la familia Solano lo encontraran dos veces seguidas!

¡Estaba realmente asustado!

—¡Jajajaja!

Al ver a Israel así, Úrsula se echó a reír a carcajadas.

De verdad que Israel la divertía.

Rio hasta que se le salieron las lágrimas.

Solo al escuchar la risa de Úrsula, Israel se dio cuenta de que lo había engañado. Se acercó a ella, la tomó del cuello y la metió en el carro.

—¡Ya arreglaremos cuentas después!

Dicho esto, cerró la puerta y rodeó el carro para subirse al asiento del conductor.

Incluso dentro del carro, Úrsula seguía riendo.

Israel la miró de reojo.

—Mi vida, ¿ya puedes dejar de reírte?

—No —dijo Úrsula, mirándolo y sonriendo—. Debí haberlo grabado. No tienes idea de lo graciosa que fue tu reacción, más divertida que cualquier comedia.

Y volvió a reír.

Israel se abrochó el cinturón, se giró para verla, con sus ojos oscuros como la tinta, y dijo con voz grave y pausada:

—No te rías más.

—Sí me voy a reír.

*Clic*.

Israel no dijo nada. Simplemente se desabrochó el cinturón que acababa de ponerse, se inclinó hacia ella, le sujetó la nuca con una mano y le levantó la barbilla con la otra, silenciando todas sus risas con un beso.

Unos minutos después, la soltó. Con voz ronca y profunda, la miró fijamente.

—¿Vas a seguir riéndote?

—Ya no —dijo Úrsula, sentándose derecha y abrochándose el cinturón—. Vamos a comer, que ya tengo hambre.

Solo entonces Israel se abrochó el cinturón lentamente, encendió el motor y arrancó.

—¿Qué vamos a cenar hoy? —preguntó Úrsula.

—Hay un restaurante de *omakase* muy bueno cerca de aquí. Ya reservé —respondió Israel.

—De acuerdo —asintió Úrsula—. Vamos a probarlo.

Aunque el *omakase* no era su comida favorita, el ambiente era bueno y las bebidas no estaban mal. Era perfecto para cambiar de aires de vez en cuando.

Pronto llegaron al restaurante japonés.

El ambiente era excelente.

Israel pidió un reservado e incluso contrató a un violinista para que tocara en vivo.

Después de cenar, salieron del restaurante.

—Señor Ayala, señorita Solano.

El asistente de Israel los esperaba en la puerta.

—¡Seguro que ese carro es de segunda mano! —dijo Tatiana, mirando a Abril—. Señorita Solano, ese tipo de carro, ni los sirvientes de su casa lo usarían, ¿verdad?

Abril la miró con desprecio y superioridad.

—Tienes razón. ¡En mi casa, hasta la señora que va al mercado maneja un Audi A3!

¿Qué es un nuevo rico?

Aquel que, si tiene diez pesos en el bolsillo, los hace sonar para que todos se enteren.

El padre de Abril, Paulino Solano, había hecho algo de dinero en la minería años atrás y quería que todo el mundo supiera que era rico.

La actitud de Abril era un calco de la de su padre.

Al oír esto, Tatiana y Ximena la miraron con envidia.

Ximena incluso dijo:

—Mi papá también tiene un A3 y lo está pagando a crédito. ¡Quién diría que en las casas de los ricos hasta la señora del mercado maneja un A3!

Tatiana estaba aún más envidiosa.

—Bueno, bueno, no hablemos más de ella, qué mal gusto —dijo Abril, apartando la mirada con pereza—. Entremos.

Tatiana y Ximena siguieron a Abril.

Al entrar al restaurante, Ximena no pudo evitar exclamar:

—¡Qué bien decorado está! ¡Mira, todas las clientas llevan bolsas de marca! El *omakase* es definitivamente comida para ricos.

—Señorita Solano, ¿debe ser muy caro comer aquí, no? —continuó Tatiana.

—No es caro —respondió Abril mientras seguía al mesero hacia su mesa—. Unos 3,000 por persona, más o menos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Cenicienta Guerrera