Entrar Via

La Danza del Despertar romance Capítulo 109

Ella tampoco imaginó que, en verdad, podría quedar embarazada.

—Ahora ya no debe estar tan caliente.

Raimundo, con suma delicadeza, le ofreció la sopa de pollo.

Después de terminar el pequeño tazón de sopa, Rosa se acurrucó en los brazos de Raimundo, acariciando suavemente su vientre.

—Rai, ¿tú qué prefieres, niño o niña?

—Me da igual —respondió Raimundo con una sonrisa—. Sea niño o niña, igual va a ser nuestro tesoro.

—Oye, ¿ya le contaste esto a mamá? Siempre ha querido tener un nieto. Si se entera, seguro se pondrá feliz.

Raimundo vaciló un instante antes de responder:

—Mejor no le digamos nada todavía.

Verónica ya había regresado a la casa de la familia Ávalos, así que aún no sabía que Rosa estaba esperando un bebé.

—¿Por qué? —Rosa se incorporó de inmediato, mirándolo con expresión extraña—. ¿No quieres que mamá sepa que estoy embarazada o no quieres que sepa que el bebé es tuyo?

—La salud de mamá no anda bien —Raimundo se frotó la frente, visiblemente preocupado—. Desde el principio no aprobó que estuviéramos juntos. Si ahora se entera de que vas a tener un hijo mío, quién sabe cómo lo tome.

—¡Pero tarde o temprano tendrá que aceptarlo! ¿Acaso cuando nazca también vamos a seguirlo ocultando?

—Rosi, ¿no habíamos quedado en algo antes? —frunció el ceño Raimundo—. Tú misma dijiste que querías que Vane tuviera el bebé por nosotros, y la idea era registrarlo como nuestro en secreto… Igual podríamos hacerlo así.

El corazón de Rosa comenzó a latir con fuerza. Desde que Raimundo se enteró de su embarazo, no había vuelto a mencionar nada sobre la familia Galindo. Ella pensó que, con suerte, ese asunto quedaría en el olvido, pero ahora se daba cuenta de que él seguía pensando en eso todo el tiempo.

—Pero… pero estoy embarazada.

—No te preocupes, ya consulté con el doctor. Me dijo que, por ahora, tu estado de salud es bueno y puedes viajar en avión.

—Ya veo… —respondió Rosa con una sonrisa tensa—. Pero los Galindo son de carácter impredecible, y no sé si todo saldrá bien.

—No importa, tenemos que intentarlo —dijo Raimundo, revolviéndole el cabello con cariño—. Yo confío en ti, Rosi, sé que me vas a ayudar.

Rosa apenas murmuró una respuesta. No se atrevía a negarse, temía que Raimundo se diera cuenta.

A estas alturas, sólo le quedaba esperar a llegar a Puerto San Sebastián y ver cómo se presentaban las cosas. Después de todo, ahora llevaba un hijo suyo en el vientre; aunque Raimundo se molestara mucho si llegaba a descubrir la verdad, al menos tendría que tomar en cuenta que ella estaba embarazada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Danza del Despertar