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La Danza del Despertar romance Capítulo 67

Jaime no contestó de inmediato. Solo giró un poco y, en voz tan baja que solo ellos dos podían oír, le preguntó a Vanesa:

—¿Estás bien?

Había algo en su tono, una fuerza extraña que de alguna manera logró aliviar los nervios tensos de Vanesa. Por un momento, se sintió menos sola.

Raimundo, al notar esa complicidad casi invisible entre ellos, sintió cómo la rabia le subía hasta la cabeza.

—¿Qué te traes, Jaime? —lo enfrentó, la voz temblando de enojo.

—Nada —replicó Jaime, su mirada tan cortante como una navaja—. Solo vine a buscar a alguien.

—Vane no necesita que la vengas a buscar —espetó Raimundo, con el cuello tenso y el orgullo herido.

Pero Jaime se fijó en las marcas rojas que Vanesa tenía en la muñeca. En ese instante, una furia más poderosa que la de Raimundo se encendió en sus ojos.

Sin esperar más palabras, Jaime levantó la pierna y, sin dudarlo, le soltó una patada a Raimundo que lo mandó directo al suelo.

El golpe sorprendió a Raimundo, que cayó de espaldas, estrellándose contra el piso de mármol. El dolor en el pecho le robó el aire.

Desconcertado, miró hacia arriba, sin poder creerlo.

¿Jaime se había atrevido a…?

Quiso reclamar, pero al encontrarse con la mirada de Jaime, las palabras se le atoraron en la garganta.

Aquellos ojos, normalmente serenos, ahora parecían un mar embravecido, llenos de una rabia tan intensa que hasta el aire se sentía más pesado.

—¡Caray, Rai! ¿Estás bien? —exclamó Joel, que había estado espiando desde una esquina. Al ver lo que sucedía, supo que la cosa se había puesto fea y corrió a levantar a Raimundo.

Luego se giró hacia Jaime, lanzándole una mirada desafiante.

—¿Y tú quién demonios eres? ¡¿Cómo te atreves a ponerle un dedo encima a Rai?! ¿Te cansaste de vivir o qué?

Jaime ni siquiera le prestó atención. Seguía mirando a Raimundo, la voz tan dura que casi cortaba el ambiente:

—Raimundo, tienes agallas, ¿eh?

—¿Te quedaste en shock? —le preguntó Jaime, con una media sonrisa.

—¿Eh? No… —Vanesa reaccionó, sacudiendo la cabeza—. Sí, vámonos.

No importaba lo demás, lo urgente era dejar atrás a Raimundo.

Mientras veía a los dos alejarse, Raimundo intentó ponerse de pie para detenerlos, pero el dolor en el abdomen le hizo sudar frío y apenas podía moverse.

—Rai, ¿de verdad estás bien? ¿Quién era ese tipo? ¿Qué relación tiene con la cuñada…?

—¡Cállate! —Raimundo lo cortó en seco—. Lo que acaba de pasar aquí no sale de tu boca, ¿me oíste? Si me entero de que abriste la boca, te va a ir mal.

—Sí, sí, entendido —asintió Joel, tragando saliva.

Por suerte, aquel era un club exclusivo y casi nunca había mucha gente. En el momento de la bronca, no había pasado ni un solo cliente.

Aunque… cuanto más le prohibía Raimundo hablar, más le picaba la curiosidad a Joel. Después de todo, había grabado un video de todo. Si no lo compartía, ¿de qué servía haberlo grabado?

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