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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 100

C100-HUMILLAR A LA PRIMERA ESPOSA

Las clases empezaron a las ocho de la mañana.

Umm Faris llegó con una carpeta bajo el brazo, una taza de café que nadie le había ofrecido y la misma expresión de quien lleva décadas sin sorprenderse de nada.

Encontró a Mariam sentada en el salón principal con las piernas cruzadas y una revista de moda en la mano.

—Revista fuera —dijo Umm Faris sin saludar.

Mariam levantó los ojos.

—Buenos días para usted también.

—Buenos días. Revista fuera.

Mariam la dejó en la mesa con más ruido del necesario.

La primera hora fue sobre postura.

Umm Faris le colocó un libro sobre la cabeza y le dijo que caminara hasta la ventana y volviera sin que cayera. Mariam lo intentó y el libro cayó tres veces. A la cuarta, Mariam lo recogió del suelo, lo miró y miró a Umm Faris.

—¿Las jequesas reales hacen esto?

—Las jequesas reales no preguntan. Caminan.

Mariam apretó los dientes y volvió a empezar. A decir verdad, sabía hacerlo bien, como modelo la pose lo era todo, pero la mujer le había caído como una cuchillada en el estómago desde que la conoció. Eventualmente la complacería, pero antes la molestaría.

Sí, no debía.

Pero... ¿Cómo dejar de ser ella? Dejar de ser Mariam Al-Rashid.

A la segunda hora, Umm Faris casi muere colapsada por la cantidad de veces que Mariam dejó caer el libro, le enseñó cómo servir el café árabe. El orden de los invitados, el ángulo de la jarra, cuánto llenar la taza pequeña, cómo leerle la cara al invitado para saber si quería más sin que él tuviera que pedirlo.

—Demasiado —dijo Umm Faris cuando Mariam sirvió la primera taza.

—Es café, no perfume.

—Es protocolo. No es cuánto sirves. Es cómo lo sirves. Hazlo de nuevo.

Mariam vació la taza y empezó otra vez con una paciencia que le costaba cada segundo.

Para la tercera hora ya estaban trabajando el saludo formal ante un jeque de tribu aliada. Umm Faris hacía el papel del jeque y Mariam tenía que entrar, saludar, inclinarse el ángulo exacto, hablar primero o esperar según el rango, y retirarse sin darle la espalda.

Lo hizo bien a la primera.

Umm Faris la miró durante un segundo.

—Repítelo.

—Lo hice bien.

—Repítelo.

—Pero lo hice bien, ¿qué espera que me doble como los japoneses?

Umm Faris no aceptó su réplica y Mariam lo repitió.

Y mientras Mariam se doblaba como un brazo mecánico de estacionamiento, Umm Faris anotó algo en su carpeta sin comentar nada y Mariam decidió que eso era lo más parecido a un elogio que iba a recibir de esa mujer.

Fue entonces cuando la puerta del salón se abrió.

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