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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 104

C104-MALAS NOTICIAS

Al día siguiente, Yasmine entró al palacio con la espalda recta y los ojos al frente.

Los guardias la dejaron pasar sin preguntas, su nombre estaba en la lista y eso era suficiente. No supo cómo lo había logrado Mariam, pero agradeció no tener que explicarle nada a nadie, y agradeció especialmente que su madre tampoco hiciera preguntas sobre por qué no visitaba a su mejor amiga.

Siguió al sirviente por los pasillos sin mirar las paredes ni los techos ni los jardines que se veían por las ventanas.

La puerta de la habitación de Mariam se abrió antes de que pudiera tocar.

—¡Yasmine!

El abrazo la golpeó con una fuerza que no esperaba. Mariam la apretó con los dos brazos como si el mundo fuera a separarlas si aflojaba, ella tardó un segundo en reaccionar y luego la abrazó igual de fuerte, con la cara enterrada en su hombro.

Mariam se estaba riendo y llorando al mismo tiempo, que era exactamente la combinación más Mariam posible.

—Pensé que no volvería a verte —dijo con la voz rota—. Pensé que te habrían...

—Estoy aquí. —Yasmine se apartó y la sujetó por los hombros para mirarla de frente—. Entera. Aunque un poco más cansada de lo normal.

Mariam soltó una carcajada húmeda y se limpió los ojos con el dorso de la mano. Yasmine la miró despacio, de arriba abajo, y notó el vientre, la piel, los ojos más llenos que la última vez.

—Estás bien —dijo y no fue una pregunta.

—Estoy bien. —Mariam la tomó de la mano y la jaló adentro—. Ven. Siéntate. Tengo que contarte todo.

Se sentaron en el diván junto a la ventana.

Mariam sirvió el té con esa eficiencia nueva que Yasmine no le conocía, y luego soltó todo de un jalón. Le habló de las clases con Umm Faris, de los treinta días, del consejo, y del cumpleaños de Zayd en siete días y sobre todo de Jade organizándolo desde hace dos años, también le mencionó la conversación con Sila y lo que necesitaba hacer y por qué no podía hacerlo sola.

Yasmine la escuchó sin interrumpir, con la taza entre las manos y los ojos fijos en ella.

Cuando Mariam terminó, ella asintió una vez.

—Claro que te ayudo, sabes que cuentas conmigo.

Mariam soltó el aire que llevaba acumulado y sonrió con un alivio que le cambió toda la cara.

Entonces Yasmine dejó la taza sobre la mesita y respiró hondo.

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