C115-¿CUÁNDO VENDRÁ MARIAM?
Baron se acostó en la cama sin discutir y eso ya decía bastante sobre cómo tenía el labio.
Yasmine sacó las cosas de la bolsa de farmacia una por una y las alineó sobre la silla. El agua oxigenada, las gasas, la pomada, las suturas adhesivas. Lo hizo despacio, sin apuro, como si ordenar las cosas le diera un segundo para ordenarse ella también.
—No eres Rambo —señaló, sin mirarlo todavía.
Baron no respondió.
—No puedes ir por la vida peleándote con cada persona que no te entiende. —Abrió el agua oxigenada—. Aquí no funciona así.
Baron hizo un mohín.
—Él empezó. —Lo dijo con la convicción de un niño de ocho años—. Me empujó primero.
Yasmine alzó las cejas.
—Idha hajamak al-nimr, hal tastafizzu-hu? (Si el tigre te ataca, ¿tú le sigues el juego?)
Baron apretó el ceño, no entendía pero supuso que era otra reprimenda.
—¿Qué? ¿Tenía que dejar que me insultara y ya?
Yasmine empapó la gasa.
—Tenías que ignorarlo y seguir caminando —dijo, y le puso la gasa en el labio.
—¡Ah!
Ella sonrió.
—¿No que muy masculino? —se burló—. ¿Te quejas de esto?
Baron la miró con el ceño todavía apretado.
—Lo hiciste a propósito.
—Americano cobarde. —La sonrisa de Yasmine no desapareció—. No lo hice a propósito, fue un pequeño ardor necesario. Pero esto no pasaría si no hubieras dejado que te pegaran.
Baron abrió la boca y Yasmine tomó otra gasa limpia y él la cerró.
La miró trabajar.
Ella tenía los ojos fijos en la herida, inclinada hacia él, con el ceño levemente fruncido de concentración. El shayla le enmarcaba la cara de una manera que resaltaba la nariz recta, los pómulos altos, la línea de la mandíbula. Baron la miró sin querer hacerlo y pensó, también sin querer, que era bonita.
Que era muy bonita.
Que había algo en la forma en que fruncía los labios cuando se concentraba que resultaba completamente innecesario para la situación.


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