C16- LAS MUJERES AQUI NO EXISTEN.
La puerta de la habitación se cerró con un golpe que resonó en las paredes, entonces Zayd la soltó. Mariam trastabilló un paso hacia adelante, se recuperó y se giró. Su shayla se había corrido levemente hacia un lado y no hizo nada por acomodarlo.
—¿En qué estabas pensando? —La voz de Zayd llegó baja, tensa—. Delante de mi padre. Delante del servicio. ¿Sabes lo que acabas de hacer?
—Defenderme. —Mariam cruzó los brazos—. Algo nuevo para ti, supongo.
—Eres mi esposa. —Dio un paso hacia ella—. Eso tiene obligaciones. Protocolo. Hay formas de hacer las cosas aquí y tú las conoces, Mariam. No finjas que no.
Ella soltó una carcajada corta.
—Ah, claro. Las formas. —Ladeó la cabeza—. Fui muy clara desde el principio, Zayd. Tú lo sabías. Sabías que yo no quería esto, que no quería ser tu esposa, que no quería este palacio ni esta vida. —Sus ojos no parpadearon—. Así que no vengas ahora a exigirme que interprete un papel que nadie me preguntó si quería.
Él apretó el ceño.
—Las mujeres aquí…
—Las mujeres aquí no existen. —lo cortó, y su voz subió un tono por primera vez—. Existen para servir, para callar, para inclinar la cabeza y besar la mano del hombre que las controla. Para dar hijos y desaparecer en el fondo de un palacio mientras los hombres toman todas las decisiones sobre sus vidas. —Mariam hizo una pausa—. Eso no es cultura, Zayd. Eso es una jaula con alfombras caras.
Él no respondió, pero un músculo de su mandíbula pulsó una vez. Sin embargo, Mariam no paró.
—¿Sabes lo que me decía mi padre? Que no hable a menos que me hablen. Que me levante antes del sol. Que dé hijos. —Extendió las manos—. Soy una persona. No un inventario. Y el hecho de que aquí lo consideren normal no lo hace correcto.
Zayd tragó, por un lado podía entenderla. Pero por el otro, era para lo que los habían criado. Las normas estaban establecidas mucho antes y ella no lo entendía.
—Mariam, lo que hice esta mañana fue protegerte. —La voz de Zayd llegó sin calor pero sin crueldad—. Dentro de lo que tú llamas jaula, eso tiene un peso que no entiendes todavía o que quizás… no te da la gana de entender.
Mariam se rio.
—¿Me salvaste una vez y eso te parece suficiente? —ella dio un paso hacia él—. ¿Y la próxima vez que tu padre decida que me merezco un golpe, qué? ¿No me salvarás de nuevo? ¿Serás tú quien lo dé porque ya cumpliste tu cuota de caballerosidad?
Zayd abrió la boca y la cerró. Esa acusación lo lastimó de una forma que ella nunca podría saberlo.
—Responde — Mariam no retrocedió, ahora estaba a menos de un metro, con los ojos azules clavados en los de él, esperando una respuesta que lo definiera.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!