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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 51

C51- EL PESO DEL LINAJE

La sala de los mapas era el lugar donde Ibrahim Al-Rashid había tomado las decisiones que habían movido tribus, pasaba su rosario cuando Zayd entró.

—Ibni. (Hijo mío.) —dijo.

Zayd cruzó la sala y se sentó frente a la mesa. No esperó a que su padre lo invitara, Ibrahim tampoco esperó eso de él.

Fueron al grano, hablaron del desierto primero, como siempre.

Le dijo que las tribus del sur llevaban tres semanas enviando señales que no eran exactamente hostiles pero tampoco eran neutrales, y el consejo había empezado a hacer preguntas que Ibrahim prefería responder antes de que se convirtieran en presión.

Zayd escuchó con los codos apoyados en las rodillas y los dedos entrelazados, y cuando su padre terminó, levantó la vista.

—Está controlado —dijo—. Tengo hombres en la frontera sur desde el martes. La semana que viene hago la visita al campamento de los Bani Khalid y cierro el acuerdo en persona.

Ibrahim lo miró desde la ventana.

—Los acuerdos del desierto no se cierran con palabras, se cierran con presencia. —Hizo una pausa—. Que te vean llegar es la mitad del mensaje.

—Lo sé, Yuba. (Papá.) Por eso voy yo.

Ibrahim asintió. Una sola vez y eso viniendo de él, equivalía a una aprobación completa.

El silencio se hizo un segundo, antes de que tocara el siguiente tema.

—El consejo preguntó esta mañana —dijo, directo, sin preámbulo—. El hijo de Mariam, cuándo harás el anuncio. Quieren saber si esta esposa puede engendrar un heredero.

Zayd no cambió de postura.

—Primero el médico.

—¿Cuándo?

—Esta semana. Quiero saber el estado del embarazo antes de hacer cualquier declaración pública.

Ibrahim entrelazó los dedos sobre su regazo.

—El consejo necesita tranquilidad, Zayd. Un heredero confirmado estabiliza conversaciones que ahora mismo están abiertas. —Su voz no tenía urgencia, tenía algo peor: razón—. Mientras más rápido sea el anuncio, menos espacio hay para que otros llenen el silencio con sus propias versiones.

Zayd levantó la vista hacia su padre.

—El anuncio se hará cuando tenga que hacerse. —Su voz era quieta y sin fisuras—. Cuando yo sepa que ella está bien. Cuando el médico me diga que el embarazo es estable. El consejo puede esperar una semana. Mi hijo no puede esperar si algo sale mal por apresurarnos.

El silencio que siguió duró varios segundos.

Ibrahim lo estudió y lo que vio en Zayd lo reconoció porque lo había visto antes, en un espejo, hace muchos años.

—Bien —dijo finalmente, con una voz que había bajado medio tono—. Pero que no pase de diez días.

Zayd asintió.

Pero Ibrahim no terminó ahí.

—Hay algo más. —Se inclinó un poco hacia adelante—. He visto cómo hablas de ella. He visto cómo no hablas de ella, que es más revelador todavía. —Hizo una pausa calculada—. No está mal que un hombre ame a una de sus esposas más que a la otra, ibni. Eso es naturaleza, no pecado. Pero si esa diferencia se vuelve visible, si el palacio la siente, si las tribus la comentan... —Sus ojos no parpadearon—. Una esposa humillada públicamente es una herida en el honor de su familia. Y las heridas de honor en el desierto no se curan solas. Se cobran.

C51- EL PESO DEL LINAJE 1

C51- EL PESO DEL LINAJE 2

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