C91- NO TE CONFUNDAS
Yasmine no pensó. Actuó.
Se giró hacia Kareem y lo agarró por el brazo antes de que el hombre pudiera seguir temblando.
—Sal, salúdalos con calma y diles que el taller está cerrado por mantenimiento. —Lo dijo rápido, en voz baja, clavando los ojos en él—. Si te piden entrar, les dices que el dueño no está y que tú solo eres el encargado de limpieza. Sin nervios, Kareem. ¿Me escuchaste?
Kareem asintió con los ojos demasiado abiertos y salió, entonces Yasmine se giró hacia Baron.
—Tú. Ahora.
Lo agarró del brazo y lo empujó hacia el fondo de la trastienda.
Baron no protestó, lo cual ya decía bastante, porque en los veinte minutos que llevaban juntos no había parado de contradecirla. Pero no era estúpido. Sabía exactamente lo que significaba una patrulla saudí haciendo preguntas en el lugar donde estaba escondido un ciudadano americano sin documentos en regla.
Yasmine abrió la puerta de un cuarto de herramientas al fondo, empujó a Baron adentro y entró detrás de él.
Cerró la puerta sin hacer ruido.
La oscuridad era casi total, solo entraba una línea de luz por debajo de la puerta. El cuarto era pequeño, con estantes de metal a los lados cargados de herramientas, y el espacio entre ellos era exactamente suficiente para dos personas si ninguna de las dos respiraba demasiado fuerte.
No había espacio para más.
El cuerpo de Baron quedó presionado contra la espalda de Yasmine sin que ninguno de los dos lo hubiera planeado. Ella sintió el pecho ancho de él contra sus omóplatos y el calor que irradiaba a través de la tela del thobe viejo. Baron no se movió al principio, pero luego lo golpeó el olor de ella, algo suave y femenino que no encajaba con el ambiente a grasa y metal, y su cuerpo reaccionó antes de que su cabeza pudiera intervenir.
Lo procesó. Lo ignoró. O intentó ignorarlo.
Trató de crear un centímetro de distancia entre los dos.
—Oye —siseó Yasmine sin girarse—. Quieto. Si te mueves haces ruido y si haces ruido nos encuentran.
—No te pegues tanto —respondió él entre dientes, también en susurro.
Yasmine apretó la mandíbula.
Eso le rozó algo por dentro que no quería que le rozara nada, pero lo guardó rápido.
—Tranquilo, americano —siseó con un veneno perfectamente controlado—. No te emociones. No eres mi tipo.
Baron no respondió.
Afuera se escuchaban las voces de los policías mezcladas con la de Kareem. Palabras en árabe, un tono que preguntaba, otro que respondía. Yasmine contó los segundos sin moverse, mientras el pecho de Baron subía y bajaba contra su espalda con una respiración que él estaba controlando con esfuerzo.
El calor del cuarto era insoportable, pero el silencio entre los dos era peor.
Las voces afuera se alejaron.
Un motor arrancó.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!