C93- ¿IRÁS A ACOSTARTE CON ELLA?
Zayd tomó su mano y la llevó al baño principal. El vapor subió rápidamente cuando abrió el agua caliente. La metió bajo el chorro amplio y comenzó a enjabonarla con lentitud deliberada, sus manos grandes recorriendo cada curva de su cuerpo.
La lavó con devoción posesiva: masajeó sus pechos hinchados, pellizcó suavemente sus pezones y deslizó una mano entre sus piernas, lavándola con cuidado. Mientras lo hacía, no dejó de preguntar:
—¿Estás adolorida aquí? —Su voz era ronca mientras sus dedos rozaban su sexo sensible—. Te follé tantas veces anoche… dime la verdad.
—Estoy sensible —susurró Mariam, sonrojada—. Pero me gusta cuando me tocas…
Él apoyó su mano grande sobre su vientre.
—¿Y nuestro hijo? ¿Puedo tomarte fuerte? No quiero lastimarlo… pero te deseo tanto…
—Estará bien mientras no sea demasiado brusco —respondió ella, mirándolo con ojos brillantes y una sonrisa—. Quiero que me tomes, Zayd.
Eso fue todo lo que necesitó.
La besó con hambre y luego se arrodilló frente a ella.
Abrió sus piernas, colocó una sobre su hombro y atacó su coño con la boca. La lamió con descaro, chupando su clítoris con fuerza mientras metía dos dedos gruesos, curvándolos dentro de ella.
Mariam gimió alto, aferrándose a su cabello mojado.
—Zayd… ¡ahh!
—Kusuki ladhidh… (Tu coño es delicioso…) —gruñó contra su carne, devorándola sin vergüenza.
La hizo correrse con fuerza en su boca, sosteniéndola cuando sus piernas temblaron.
Pero apenas se recuperó, él se levantó, la levantó en el aire como si no pesara nada y la pegó contra la pared de mármol. Mariam rodeó su cintura con las piernas, sintiendo la cabeza gruesa y caliente de su polla presionando contra su entrada.
—Dime si te duele —exigió él, respirando agitado.
—Tómame… —suplicó Mariam, ya más atrevida.
Zayd empujó de una sola vez, enterrándose hasta el fondo con un gruñido gutural.
Mariam soltó un gemido largo, sintiendo cómo la estiraba por completo.
A pesar de haberlo hecho tantas veces la noche anterior, todavía se sentía enorme dentro de ella. Zayd comenzó a embestir con fuerza controlada, cada estocada era profunda, firme y precisa. Sus caderas golpeaban contra las de ella, haciendo que el cuerpo de Mariam rebotara contra la pared mojada.
—Ya Allah… tan estrecha —gruñó él—. Sigues apretándome como si fuera la primera vez.
Sus músculos estaban completamente tensos: los brazos marcados por el esfuerzo de sostenerla, el abdomen duro como piedra contrayéndose con cada embestida poderosa, la espalda ancha y tatuada brillando por el agua y el sudor.
Y Mariam podía sentir cada músculo trabajando mientras la follaba.
Zayd bajó la boca a su cuello, mordió con fuerza y luego chupó la piel, dejando marcas rojas. Bajó más y atrapó uno de sus pezones hinchados, succionándolo con hambre mientras seguía penetrándola sin parar. El sonido húmedo y obsceno de su polla entrando y saliendo de su coño mojado llenó el baño junto con el agua.
Mariam rebotaba con cada embestida fuerte.
Sus pechos se movían contra el pecho de él, con un placer que era intenso, casi abrumador.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!