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La Despedida de Señora León romance Capítulo 9

Pasadas las once de la noche, Ricardo salió del estudio. Su mirada recorrió el desastre de álbumes y fotos de boda esparcidos por el pasillo. Con voz indiferente, le ordenó a la sirvienta que estaba de guardia junto a la puerta:

—Mañana que alguien limpie esto y lo tire en el cuarto de trebejos.

—Sí, señor —respondió la sirvienta de inmediato.

Intentó girar la manija de la puerta de la habitación, pero no se movió.

Se volvió hacia la sirvienta.

—Trae la llave.

La sirvienta bajó rápidamente a buscarla. Un momento después, la cerradura hizo un suave clic y Ricardo entró.

Solo encendió una lámpara lateral de luz cálida. En la penumbra, vio a Natalia durmiendo acurrucada en la cama. Su mirada se ensombreció un instante, pero no se detuvo a observarla. Se dirigió al vestidor, tomó una bata y fue directamente al baño de afuera.

Cuando el sonido del agua cesó y regresó a la habitación, Natalia seguía durmiendo profundamente.

Levantó el otro lado de la colcha, se acostó y cerró los ojos.

***

Al día siguiente, Natalia se despertó con la cabeza pesada, como si tuviera la mente llena de algodón.

Recordó vagamente que anoche, en sueños, había abrazado un cuerpo cálido que olía a un jabón fresco y limpio.

Sacudió la cabeza con fuerza para desechar el pensamiento.

Se levantó y fue hacia el ventanal. Contempló el jardín perfectamente podado y el columpio en una esquina.

Mientras sus dedos trazaban líneas invisibles sobre el cristal frío, calculó en silencio: «Si salto desde aquí, probablemente no me mate, pero seguro quedaré lisiada. Y escapar sería imposible».

Los guardias de la entrada principal vigilaban sin pestañear.

—Susana, ¿por qué no vienes a buscarme? —murmuró al cristal, con la voz temblorosa—. Si esto sigue así, no moriré de hambre, pero seguro que la depresión me matará primero…

Apenas terminó de hablar, unos golpes en la puerta la hicieron sobresaltarse.

Natalia fue a abrir. Carmen entró con el desayuno y le suplicó:

—Señora Natalia, coma algo. Si no es por el bebé, hágalo por su propia salud.

La comida en la bandeja se veía deliciosa y el estómago de Natalia rugía de hambre.

Ahora lo entendía: la huelga de hambre no servía de nada. Aunque no probara bocado, le pondrían suero.

No tenía sentido castigarse a sí misma.

Capítulo 9 1

Capítulo 9 2

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