—¡Es cierto! ¡Miren bien, la forma de la cara encaja a la perfección! ¡Con razón logró subir de estatus!
—¡Para los que la defendían, aquí está la prueba irrefutable!
Las voces que defendían a Eliana fueron apagándose gradualmente.
Regina Guerrero estaba tomando un café cuando su teléfono sonó. Apareció un mensaje cifrado en la pantalla:
[La primera ola de rumores ya fue lanzada.]
Los dedos de Regina teclearon con agilidad:
[Lo vi. Asegúrate de borrar cualquier rastro, que no los descubran.]
[Descuida, tengo mucha experiencia en esto. ¿Quieres que preparemos la segunda ola para avivar más el fuego?]
Una sonrisa de satisfacción, como si todo estuviera bajo su control, apareció en el rostro de Regina:
[Aún no. Esperemos a que la verdadera afectada salga a hablar; entonces soltaremos la segunda ola.] Estaba convencida de que, conociendo el carácter de Esther, no dejaría pasar esta oportunidad de victimizarse.
Y ese ciego enamorado de Manuel definitivamente se pondría de parte de Esther.
[Entendido. Dejaremos que las cosas fluyan por ahora.]
Regina, sintiéndose satisfecha, cambió a su cuenta principal y le envió un mensaje a Silvia Moreno:
[Silvia, ¿tienes tiempo libre estos días? Supe que acaba de salir el modelo nuevo del bolso que te encanta. ¿Vamos por un café?]
Su exceso de confianza le había costado la derrota en la segunda ronda, pero en la tercera, se aseguraría de tener todo cubierto.
Crear un escándalo en internet para afectar el estado de ánimo de Eliana era solo el primer paso. Si Eliana sufría, ella estaría contenta.
Al pensarlo, la expresión de Regina se tornó sombría y despiadada.
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—Deja de armar historias en tu cabeza. —le reprochó Eliana con exasperación, aunque luego su tono se volvió más serio.
—La verdad es que no podemos volver al pasado. Siete años son suficientes para cambiarlo todo. Me he dado cuenta de que, cuando estamos juntos, siempre menciona nuestra infancia. Lo hace a propósito, porque además de esos recuerdos, no sabemos nada el uno del otro en la actualidad.
En cuanto a si la amaba o no, ella no quería ni atreverse a pensar en ello. Sentía demasiado terror de que todo volviera a terminar como antes.
¿Y si César tenía que abandonarla nuevamente por alguna razón?
Aunque pudiera entender que tuviera motivos justificados, no quería volver a experimentar ese dolor que te desgarra hasta el alma.
En lugar de vivir con el miedo constante a perderlo, era mejor no hacerse falsas esperanzas desde el principio.
Sonaba muy racional, pero la expresión en su rostro delataba el rastro de nostalgia que aún guardaba por César. No le resultaba tan fácil dejarlo ir como intentaba aparentar.
Valeria también recordó los años de agonía de Eliana. La miró con ternura y decidió cambiar de tema para aliviar la tensión.
—Bueno, dejemos ese tema. ¿Ya sabes quién manipuló sus mensajes en aquel entonces?

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