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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 168

—Acaba de llegar a la familia, es normal que todo esto le resulte extraño. Trata de apoyarla más.

—Por supuesto —asintió Regina con fingida obediencia.

Pasó media hora más y la paciencia de Don Octavio se agotó: —No esperaremos más. Sirvan la cena.

Regina, actuando como la nieta considerada, insistió: —Abuelo, ¿no deberíamos esperarla un poco más?

En ese instante, el teléfono de Don Octavio, que estaba sobre la mesa, comenzó a sonar. Echó un vistazo a la pantalla; era Eliana.

—¿Eliana? ¿Qué? ¿En el hospital?

Su voz denotaba alarma y urgencia.

Aunque no podía escuchar lo que decía la otra persona, esas pocas palabras que soltó Don Octavio fueron suficientes para confirmarle a Regina que su plan había sido un éxito.

Bajó la cabeza rápidamente para ocultar la sonrisa sádica que amenazaba con apoderarse de su rostro. Sus dedos, escondidos bajo la mesa, temblaban ligeramente de pura emoción.

Adoptando de inmediato una expresión de profunda preocupación, preguntó con voz suave: —Abuelo, ¿le pasó algo malo a Eliana?

Don Octavio estaba a punto de responder cuando su teléfono volvió a sonar.

Esta vez, el rostro severo del anciano se relajó un poco: —¿César? ¿Mañana nos vemos? ¿Por fin te decidiste a hablar de esto, muchacho? Perfecto, perfecto, haré que preparen el mejor té.

Al escuchar el nombre "César", Regina aguzó el oído al máximo.

Todos en la alta sociedad sabían que el escurridizo señor del Consorcio de Soto rara vez se dejaba ver. ¿Iba a visitarlos personalmente mañana?

Tenía que prepararse con lujo de detalle y buscar la excusa perfecta para cruzarse con él.

Aunque el anciano estaba bastante confundido por la situación, su instinto le decía que había un mensaje oculto en las palabras de Eliana, así que decidió seguirle la corriente. Dejar que Regina fuera, en realidad, le parecía una excelente idea.

Al ver la reacción tan fría de Don Octavio, Regina perdió cualquier rastro de preocupación que pudiera quedarle.

Sonrió para sus adentros con desprecio. Y pensar que creía que Don Octavio valoraba a Eliana por haberla traído a la casa principal... En cuanto un invitado de peso anunciaba su llegada, la dejaba tirada en un cuarto de hospital sin pensarlo dos veces.

Regina subió a su auto y le indicó al chofer que se dirigiera al hospital. Al mismo tiempo, sacó un teléfono secundario y envió un mensaje rápido: [Buen trabajo.]

Al otro lado de la pantalla, el destinatario leyó el mensaje con el ceño fruncido.

¿Buen trabajo? ¿Pero si ni siquiera habían logrado completar el encargo? ¿Cómo era posible que Regina ya estuviera celebrando?

Aunque tenía dudas, el dinero que Regina le había transferido era muy real, así que decidió no darle más vueltas al asunto y guardó silencio.

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