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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 17

Eliana negó con la cabeza: —No.

Su voz sonó apenas como un susurro, como si intentara cortar cualquier lazo con ese recuerdo.

Valeria la miró de reojo y, de repente, levantó la mano para alborotarle el cabello: —Bueno, ya no hablemos del pasado. ¡Hablemos del futuro!

—¿El futuro?

—¡Ya lo decidí! —Valeria golpeó el volante con emoción—. ¡Te voy a conseguir veinte prospectos de primera!

—...No empieces.

—¡Confía en mí! Te buscaré lo mejor de lo mejor: abdomen marcado, espalda ancha, piernas largas. Hombres que sepan escuchar y te den apoyo emocional real.

Y luego soltó una última puñalada: —Te juro que no tendrán nada que ver con el imbécil de tu ex.

Eliana rio ante la ocurrencia: —Aún no me divorcio, es el casi ex.

El auto por fin llegó al complejo residencial en el Distrito Oeste.

Los jardines estaban impecables, el ambiente era muy tranquilo y casi no había gente. El aire olía a pino y tierra húmeda.

Mientras subían el equipaje, Valeria le contaba: —Los dueños se la pasan viajando. Les dije que eras artista, que tenías un carácter muy tranquilo y no hacías ruido, y les encantó la idea.

Eliana abrió la puerta. El lugar era luminoso, limpio y con una agradable brisa cruzada.

Por la ventana se veían los árboles y el sol. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que respiraba de verdad.

—Amiga.

Eliana se volteó: —¿Sí?

—¡Felicidades por salir de ese infierno! —Valeria se puso las manos en la cintura—. ¿Salimos a celebrar en la noche?

Eliana sonrió: —Me parece perfecto.

—Tengo que ver a un cliente en la tarde, paso por ti más al rato.

—Vale.

Tras la partida de Valeria, Eliana comenzó a desempacar.

Arrastró la maleta hasta la recámara y fue sacando sus cosas una por una.

Colgó la ropa y acomodó meticulosamente sus materiales de pintura en la habitación de al lado.

Al entrar, vio a su compañero Fabián revisando unos lienzos recién enmarcados. Al escucharla, él solo levantó la vista sin mucho entusiasmo:

—¿Ya regresaste al mundo real?

—Sí.

—¿Milagro que tu esposo te dejó salir de la jaula? —preguntó con tono sarcástico.

—...No hablemos de él —Eliana sonó tajante, sin ganas de dar explicaciones.

Fabián levantó una ceja: —¿Problemas en el paraíso?

Eliana lo ignoró y cambió el tema de golpe: —¿Dónde está el Maestro?

—Arriba, revisando el inventario —Fabián se puso de pie, sacudiéndose el aserrín de las manos—. Llegas a tiempo, sube de una vez, te va a explicar lo del viaje.

—¿Cuándo nos vamos?

—Pasado mañana. Andamos a las carreras, así que prepárate.

Por la tarde, el Maestro Dario convocó a todo el equipo a la sala de juntas.

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