Entrar Via

La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 204

Los rostros del grupo de mujeres palidecieron de golpe. Jamás imaginaron que Eliana no solo mantendría la compostura, sino que además utilizaría el nombre de Don Octavio para intimidarlas.

Ese incidente era un tabú absoluto para el patriarca de los Guerrero. Desde entonces, nadie se atrevía a mencionarlo a menos que estuvieran dispuestos a ganarse la enemistad de la familia. Por algo los Guerrero y los Salazar habían estado en guerra durante todos esos años. En la alta sociedad de Valdemar, ¿quién se atrevería a enfrentarse a los Salazar, excepto los Guerrero?

La líder del grupo forzó una sonrisa nerviosa y conciliadora: —Eliana, querida, solo repetíamos rumores sin fundamento. No deberías tomarlo en serio.

—Si son rumores o no, bastará con preguntarle a mi abuelo, ¿verdad? —respondió Eliana con una sonrisa que destilaba inocencia fingida—. Señora del Campo, Señora Torres, Señora Pineda... —Las fue nombrando una a una, dejándoles claro que sabía perfectamente quiénes eran.

Las mujeres se quedaron paralizadas, aterradas de que los negocios de sus maridos sufrieran las represalias de la familia Guerrero.

En realidad, el teléfono de Eliana no había grabado absolutamente nada. Pero verlas temblar como hojas sirvió para darles una lección sobre las consecuencias de soltar veneno a espaldas de los demás. Estaba segura de que, al menos durante el próximo mes, esas mujeres no pegarían el ojo por las noches.

Finalmente, el grupo se dispersó en una vergonzosa retirada.

Eliana se quedó de pie en el lugar. Empezó a notar que su cuerpo se calentaba cada vez más y un fuerte rubor cubría sus mejillas. Pensó que el vino que acababa de tomar debía tener una graduación alcohólica muy alta. Se llevó una mano a la frente y, al intentar dar un paso, sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

Alguien pasó por su lado y comentó amablemente: —¿Bebió de más? Debería subir a su habitación a descansar.

Era cierto. Eliana recordó que tenía una suite reservada, así que caminó a paso tambaleante hacia el ascensor y subió a su piso. A lo lejos, Valeria la vio entrar y pensó en ir tras ella, pero en ese preciso instante Ricardo apareció de la nada, bloqueándole el paso, obligando a Valeria a quedarse para lidiar con él.

Eliana intentó presionar el botón del ascensor, pero su visión ya estaba borrosa; tuvo que presionar varias veces hasta acertar en el número de su piso. Caminó a trompicones por el pasillo hasta llegar a la puerta y acercó su tarjeta.

*Bip, bip, bip*. Error.

Mientras tanto, el matón, incapaz de soportar la paliza, confesó entre gemidos: —Alguien me contactó... me dijo que viniera a esta habitación a esta hora. Que había una mujer esperándome, que podía hacer lo que quisiera con ella y que, al terminar, me pagarían veinte mil.

Una mujer y dinero fácil; el delincuente no tenía motivos para rechazar la oferta.

—¿Sabes quién te contrató?

—No lo sé. Llamaron desde un número desconocido, incluso la tarjeta de la habitación me llegó por mensajería. —El hombre, con el rostro ensangrentado, suplicó piedad—. Por favor, dejen de pegarme, ya les dije todo lo que sé.

Damián soltó una risa gélida; la situación no le sorprendía en lo absoluto.

Llevaba observando a Eliana desde el salón de banquetes. Había visto cómo alguien vertía sigilosamente un polvo en su bebida y cómo, momentos después, le cambiaban la tarjeta de su habitación sin que ella se diera cuenta.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada