Entrar Via

La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 26

Fabián levantó una ceja: —Entonces más tarde dependeremos totalmente de ti, señorita Lamas.

La subasta estaba por comenzar, y el personal empezó a guiar a los asistentes hacia el salón principal.

De repente, un sutil murmullo se originó cerca de la entrada.

La multitud guardó silencio casi por instinto.

—¡Ahí viene!

—¿Quién?

—Hacia allá.

Todas las miradas se dirigieron, como si estuvieran sincronizadas, hacia la entrada.

Un hombre con un traje oscuro entró; su corbata estaba perfectamente anudada y caminaba a un ritmo firme y sereno.

Detrás de él iba su asistente y el resto de su equipo.

La luz del techo cayó directamente sobre sus hombros.

—Es el señor de Soto —susurró alguien entre la multitud.

El líder de la familia de Soto, César de Soto.

Eliana levantó la vista.

En el instante en que sus ojos chocaron con ese rostro, contuvo el aliento y casi se olvida de respirar.

Fabián notó su reacción y siguió su mirada: —¿Lo conoces?

Eliana no respondió. Solo se quedó observando a aquel hombre.

Él estaba allí, rodeado de gente, con una expresión altiva y distante, desenvolviéndose en ese entorno con absoluta maestría.

De vez en cuando asentía o respondía con cortesía, pero sin permitir que nadie cruzara la línea de la confianza.

En ese preciso momento, Eliana comprendió todo.

Cesi.

César de Soto.

Ya veo.

Dicho esto, se giró apresuradamente para irse.

—Un momento.

Eliana detuvo sus pasos: —¿Desea algo más, señor de Soto?

César dio un paso hacia ella, acortando la distancia. La miró desde su altura con una media sonrisa indescifrable: —Señorita Lamas, ya que usted está a cargo de recibirme, ¿no debería mostrar un poco más de hospitalidad?

El corazón de Eliana dio un vuelco: —¿Qué quiere decir con eso?

—Siéntese a mi lado —exigió con total naturalidad—. Y explíqueme las obras.

Sin darle tiempo a reaccionar, añadió: —Como su principal patrocinador, confío plenamente en la atención al cliente de su equipo.

Fabián se quedó sorprendido e intentó intervenir por instinto: —Señor de Soto, yo conozco muy bien las piezas de la exposición, si gusta puedo ser yo quien...

—No es necesario —lo interrumpió César, sin apartar la mirada de Eliana—. No soy exigente.

Varias personas alrededor ya empezaban a voltear a verlos.

Eliana guardó silencio por un segundo y luego respondió con absoluta calma: —De acuerdo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada