«¿Te arrepientes de haber estado conmigo aquella noche?», era lo que realmente estaba preguntando.
Eliana sintió que había captado el verdadero significado de sus palabras. Si no hubiera pasado lo de aquella noche, ahora no llevaría esa pequeña vida en su vientre. Eliana daba gracias de que ese milagro hubiera llegado a su vida.
Negó suavemente con la cabeza: —No...
Los ojos de César se iluminaron al instante.
—Yo también tengo algo que contarte —dijo Eliana, tomando una respiración profunda antes de hablar, con la voz ligeramente temblorosa—. Descubrí lo que le pasó a mi madre hace años.
Se refería a su madre biológica, Celina Guerrero.
Dudaba un poco, no porque desconfiara de los sentimientos de César, sino porque sus oponentes eran la familia Guerrero y la familia Salazar.
Si César se enfrentaba a esas dos poderosas dinastías por ella, como patriarca de los de Soto, sin duda enfrentaría cuestionamientos dentro de su propia familia, e incluso pondría en riesgo millones en intereses comerciales.
—Yo también he estado investigando lo que pasó, y pensaba decírtelo cuando tuviera toda la historia completa —dijo César, notando su inquietud y suavizando su tono.
Eliana sintió que se le humedecían los ojos: —¿Tú también estabas investigando? —Un segundo después, se preocupó por él y añadió rápidamente—: Es asunto mío, yo me encargo. Involucra a gente con mucho poder; como patriarca, es mejor que no te metas.
—¿Por quién me tomas? Tus padres siempre fueron muy buenos conmigo. Averiguar la verdad por ellos es mi deber.
—Pero... ¿y si tienes que enfrentarte a personas muy poderosas? ¿Y si eso significa sacrificar los intereses de los de Soto? —preguntó Eliana, levantando la mirada, llena de preocupación.
Así que esa era la verdadera razón... Eliana rompió a llorar desconsoladamente.
¿Por qué su madre había tomado esa decisión? Ni siquiera se lo dijo a su padre ni a ella.
En sus recuerdos, su madre amaba profundamente a su padre, la amaba a ella y amaba la vida. Además, en aquella época, aunque no eran millonarios, podían cubrir los gastos médicos sin problemas.
Eliana no lo entendía, pero de algo estaba segura: su madre no habría renunciado por iniciativa propia a su oportunidad de vivir.
La madre que recordaba era una mujer dulce, paciente, pero increíblemente fuerte. Una mujer que había sido capaz de cortar lazos con la poderosa familia Guerrero sin ceder jamás, no se habría rendido ante una enfermedad tan fácilmente. Eliana estaba convencida de que debía haber algo más detrás de todo eso.
—En cuanto a lo que pasó esa vez, fue mi madre quien retiró la denuncia. El abogado me dijo que, a menos que Octavio Guerrero Jr. y Damián Salazar se entreguen voluntariamente y confiesen lo que hicieron, no hay caso. Aún estoy pensando qué hacer a continuación —sollozó Eliana, sintiéndose abrumada por la impotencia.

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