Entrar Via

La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 70

Aquella tarde, por fin, dio la última pincelada.

Eliana dio un paso atrás, analizó la obra por unos instantes y un destello de genuina satisfacción iluminó su mirada.

Estaba a punto de recoger sus cosas cuando su celular empezó a vibrar.

Era Valeria.

Apenas contestó, la voz de su amiga estalló al otro lado de la línea.

—¡Vámonos de compras! Estás trabajando como una desquiciada. ¡Si sigues así, te vas a enfermar!

Al escucharla, la tensión que Eliana había acumulado durante todo el día desapareció de golpe.

Sin darse cuenta, una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Está bien.

El centro comercial estaba bañado por una luz blanca y reluciente.

La zona de marcas de lujo estaba casi vacía; los pasillos eran tan amplios que el eco de sus pasos resonaba con claridad.

Valeria iba arrastrando a Eliana hacia una boutique, quejándose sin parar.

—De verdad, te has vuelto una adicta al trabajo. Si sigues así, empezaré a creer que te quieres volver una monja tibetana.

Mientras hablaba, hizo un gesto grandilocuente con la mano: —¡Me acaban de pagar el bono! Ven, vamos a ver qué hay. ¡Compremos ropa a juego, yo invito!

Pero apenas terminó la frase, soltó una maldición por lo bajo: —Mierda.

Antes de que Eliana pudiera entender qué pasaba, Valeria se detuvo en seco y su rostro se transformó en una máscara de hielo.

Siguió la mirada de su amiga.

Ahí estaba Esther Garza.

Estaba sola.

Llevaba un vestido holgado de color beige. Su vientre ya se notaba un poco, y caminaba con una mano posada protectoramente sobre él.

Irradiaba una imagen de fragilidad y dulzura.

Miraba a su alrededor, como si estuviera esperando a alguien.

En ese momento, vio a Eliana y una sonrisa se deslizó por sus labios.

Pero la sonrisa de Esther se hizo aún más perversa. —¿Cuál es la prisa? Solo quiero saber... ¿de dónde sacas tanta arrogancia?

Sus palabras se volvieron letales: —No eres más que un reemplazo. Deberías sentirte honrada de tener un aire a mí.

—¿Sabías que mientras tu padre agonizaba en el hospital, Manuel estaba conmigo? Mientras tú firmabas la autorización para la cirugía sola... —ladeó la cabeza, su tono era suave pero cruel—, él estaba en mi cama.

La expresión de Eliana no cambió un milímetro, pero bajo la manga, sus manos se cerraron en puños.

Podía soportar que hablaran mal de ella, pero no de su padre.

Valeria estaba temblando de furia, incapaz de articular palabra.

Y entonces.

¡Plaf!

Una bofetada certera y sonora estalló en la cara de Esther.

A Valeria le temblaba la mano, pero su voz era letal: —¡Lávate la boca antes de hablar de ella!

Esther se llevó la mano a la mejilla, aturdida por un segundo. Al instante siguiente, perdió el control por completo; la máscara de la niña buena se rompió en mil pedazos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada