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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 469

El lunes por la mañana, Paulina Romo apenas iba llegando a la entrada de la empresa cuando, de frente, se topó con Teófilo Cruz, quien también había llegado para trabajar.

—Buenos días —saludó Teófilo, con una sonrisa ligera.

—Buen día —respondió Paulina, igual de tranquila.

Apenas terminó de hablar, Paulina divisó a Tito Jacobo un poco más adelante. Al verlo, se le aflojaron los pasos, casi imperceptiblemente.

Teófilo también notó la presencia de Tito y, de inmediato, frunció el ceño con desagrado.

Sin prestarle mucha atención a Teófilo, Tito se acercó directo a Paulina.

—Ayer en la madrugada apenas llegué a casa. Ya teníamos rato de no vernos, y quería saludarte.

Tito, en realidad, solo quería verla, sin más pretensiones.

Notando la actitud reservada de Paulina, él no quiso incomodarla, ni mucho menos que ella terminara hartándose de su insistencia.

—Tienes trabajo, no te preocupes por mí —añadió Tito—. Al ratito me voy.

Entre Paulina y Tito, todo lo que había que decir ya se había dicho. Su aparición repentina la dejó sin palabras; simplemente se había quedado sin nada que agregar.

Tras escucharlo, Paulina no se esforzó en ser cortés. Asintió con la cabeza y se dio la vuelta para subir.

Teófilo lanzó una mirada fugaz a Tito antes de seguirle el paso a Paulina.

Tito observó la espalda de Paulina, cómo se alejaba. Se quedó quieto un momento, luego regresó a su carro.

En el interior del carro había un ramo de flores. Su idea original era dárselo a Paulina, pero, considerando la situación, si se lo entregaba en ese momento, seguramente ella terminaría por evitarlo en el futuro, incluso podría llegar a fastidiarse de verlo.

Con ese pensamiento, Tito soltó una sonrisa resignada.

...

Teófilo presionó el botón del elevador y entró junto a Paulina. Ella sintió la mirada de él, que insistía en observarla en silencio.

Paulina levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

Teófilo negó con la cabeza, pero después, sin poder aguantarse, preguntó:

—Ese Sr. Jacobo, ¿te busca a menudo?

Paulina nunca había sentido que Teófilo fuera de los que andan de metiche. Era la primera vez que le preguntaba algo tan personal, pero no le incomodó. Así que respondió directo:

—Todavía no me he divorciado. ¿Cómo voy a pensar en él? Además, con el Sr. Jacobo no tengo ese tipo de interés.

Teófilo creyó todo este tiempo que Paulina ya estaba divorciada. Al oírla, se quedó pasmado.

—¿De veras? ¿Todavía no te divorcias?

Paulina negó moviendo la cabeza.

—No, todavía no.

En cuanto terminó de hablar, el elevador llegó a su piso. Paulina salió y se dirigió a su oficina, lista para comenzar el día.

Teófilo se quedó parado, viendo cómo Paulina se alejaba por el pasillo. Por unos segundos, su mente se quedó en blanco.

Mientras la veía desaparecer, de pronto algo se le vino a la cabeza.

¿Y si Castulo nunca la buscó porque sabía que Paulina aún estaba casada? ¿Y si no es que se rindió, sino que sabe algún secreto?

¿O tal vez Castulo conocía al esposo de Paulina...?

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