Todo lo que sucedía del lado de Paulina no pasó desapercibido para Alfredo.
Sin embargo, al ver cómo Teófilo y Tito cuidaban de Paulina y Gema, solo pensó que era por cortesía. No le dio mayor importancia.
Después de todo, en el grupo de Paulina había como nueve personas, pero solo Paulina y Gema eran chicas. Que Tito y los demás compañeros les echaran una mano era lo más natural del mundo.
Recién apartó la mirada cuando vio que Mercedez regresaba.
—¿Ya volviste? Justo estaba pensando en llamarte. Los chicos ya prepararon algo de carne asada, ¿quieres comer?
Mercedez sonrió ligeramente.
—Va, me late.
Pero apenas terminó de hablar, se detuvo un momento.
—¿No vamos a esperar a Castulo?
—Él ya comió, dijo que no lo esperemos.
—Bueno —contestó Mercedez, y justo en ese instante, Alicia y las demás también regresaban.
Ellas habían estado dando una vuelta por los alrededores. Ahora Alicia, que ya se sentía mucho mejor, sonrió apenas escuchó que había carne asada lista. Estaba a punto de decir algo cuando, de repente, se topó con una silueta que le resultaba conocida.
Se quedó quieta, pensando que quizá solo lo estaba imaginando.
Pero al observar con más atención, se dio cuenta de que no se había equivocado.
—… ¿Esa es Paulina? ¿Qué hace aquí?
Paulina había intentado ayudar con la carne asada, pero Tito y los demás no la dejaron meter mano.
Sin querer estorbar, prefirió alejarse un poco.
Como tenían una sombrilla puesta, Alicia y su grupo no lograron ver el rostro de Tito ni de los demás, solo alcanzaron a distinguir a Paulina.
Mercedez ya sabía que Paulina y Jaime también estaban acampando ahí. Aunque llevaba un rato en el campamento, no se había puesto a buscarlos.
Ahora que escuchó el comentario de Alicia, volteó en la dirección que ella miraba. Efectivamente, ahí estaban Paulina y Gema.
Paulina, como si hubiera presentido algo, giró la cabeza y se encontró con la mirada de Mercedez.
Al reconocerlas, Paulina apretó los labios y enseguida desvió la mirada.
Gema también notó la presencia de Mercedez y las otras. Frunció los labios, apartó la vista y murmuró a Paulina:
Se quedó sorprendida de verlo tan cerca.
Antes de que pudiera reaccionar, vio cómo Tito se alejaba hacia donde estaba Paulina, entregándole una brocheta que llevaba en la mano.
Alicia y las demás presenciaron toda la escena.
Apenas pudieron procesar lo que veían cuando Tito también se percató de su presencia.
Al notar que Mercedez y su grupo estaban no muy lejos, comiendo carne asada, Tito también se quedó un poco sorprendido. Les hizo un gesto con la cabeza, saludando de forma discreta, y luego les quitó la mirada de encima. Le preguntó a Paulina:
—¿Quieres que te traiga otra cosa?
Paulina negó con la cabeza.
—No, ya estoy llena, gracias.
Tito sonrió.
—Bueno. Si más tarde se te antoja otra cosa, dímelo y te la preparo.
Paulina apenas iba a contestar cuando Teófilo se acercó cargando también algo de comida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Super narcisista la Mercy, dios q me sacan y ese Orlando peor q un perro faldero...
Muy buena novela...
Muy emocionante, aunque Armando no se a que juega otra vez con Mercedes...