Josefina pensó que de verdad no la había escuchado, así que resopló y dijo con la barbilla en alto: —¡Dije que el mes pasado, para el cumpleaños de mi mamá, mi papá le regaló un diamante muy grande, pero era de color rojo, diferente a este!
Alicia se quedó aún más confundida: —¿Cómo… cómo es posible?!
De repente, miró a Mercedez: —Hermana, lo que acaba de decir…
Mercedez, sin embargo, parecía muy tranquila. —Ya, déjalo así —dijo. Luego, con voz suave, se dirigió a Josefina—: Ya que no te gusta estar aquí, Josie, vámonos a otro lugar.
Josefina, al ver que Mercedez parecía estar de su lado, asintió contenta: —Sí.
Mercedez tomó la mano de Josefina, pero antes de irse, miró a Alicia y le advirtió: —No andes diciendo nada de esto en casa.
Después de eso, se llevó a Josefina de la joyería.
Alicia no podía creer que Mercedez estuviera tan tranquila. Estaba aún más confundida, sin entender qué pasaba por la cabeza de su hermana.
Para ella, era imposible que alguien tan inteligente como Mercedez no se diera cuenta de que el diamante del que hablaba Josefina era el mismo que, hasta hace poco, pensaban que Armando había comprado para pedirle matrimonio.
¿Acaso Armando había comprado otros diamantes además de ese?
Y encima le decía que no contara nada en casa…
Aunque Alicia estaba llena de dudas, su confianza en Mercedez era absoluta, así que, sin entender nada, salió de la joyería detrás de ellas.
***
Durante los días siguientes, Paulina estuvo yendo y viniendo entre el hospital y la oficina.
En ese tiempo, aunque Josefina no fue a visitar a la abuela Romo en persona, llamaba a Paulina todos los días para preguntar por la salud de la anciana.
Gracias al tratamiento profesional de Renata y los demás médicos, la abuela Romo comenzó a mejorar.
En realidad, David solo lo dijo por cortesía. Estaba seguro de que, con lo poco que Armando apreciaba a la familia Romo, se negaría.
De hecho, no solo él, sino todos los presentes, a excepción de Josefina, pensaban lo mismo.
Pero, para su sorpresa, Armando sonrió y respondió: —Entonces, acepto la invitación, señor David.
Al oír las palabras de Armando, no solo Paulina y el resto de la familia Romo, sino también la abuela Frías se quedaron perplejos.
La abuela Romo también se sorprendió por un momento. Sin embargo, no le dio muchas vueltas, pensando que Armando probablemente había aceptado por no hacerle el feo a la abuela Frías, que estaba presente.
Los demás pensaron más o menos lo mismo que la abuela Romo.
Josefina, por su parte, estaba muy contenta y salió de la habitación de la mano de Paulina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Super narcisista la Mercy, dios q me sacan y ese Orlando peor q un perro faldero...
Muy buena novela...
Muy emocionante, aunque Armando no se a que juega otra vez con Mercedes...