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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 207

—¿Cómo puedes decir eso, Kaleb?

La voz los hizo girar. Recostada en el vano de la puerta, Violet, la pequeña Monahan, lo miraba con tristeza en sus ojos.

—Violet.

Kaleb se incorporó dispuesto a consolarla.

—No, Kaleb, no. Esta vez no vas a ser tú el que me conforte o trate de

tranquilizarme como si fuera una niña pequeña. Soy una mujer y no puedo creer que no seas capaz de verte como los demás lo hacemos. Jace está tratando de que entiendas que eres querible, responsable, el mejor hermano que podemos tener.

—Violet, no entiendes…

—Te has ocupado de nosotros cada vez que fue necesario, asumiendo

un rol que no deberías. Te recuerdo reconfortándome en cada caída, ante cada humillación de nuestra madre. Te recuerdo ayudando a Jace o a Aidan. Los recuerdo a ti y a Milo como escudos frente a la ira de nuestro padre. ¿Cómo puedes decir que eres igual a él?—la pasión de su voz era épica—. Eres todo lo opuesto a él, hermanito. Te mereces el amor de una mujer especial, pero para eso tienes que permitírtelo.

Kaleb estaba sin palabras ante la explosión emocional de su hermana,

pero antes de que pudiera elaborar algo en respuesta, Jace volvió al ataque:

—Que estés dudando y que sea por una mujer, que estés sin palabras

y expuesto es evidente prueba de que es la adecuada y de que la amas. No

estarías así de no ser verdad. ¿Quién es, quién lo logró?

Violet se había sentado junto a él y lo tenía abrazado. Suspiró. Ni en

sus sueños había imaginado estar a merced de Jace y su mierda psicológica.

—Detesto que crean que pueden tratarme como a un adolescente en su primera experiencia romántica —gruñó.

—Podríamos decir que lo es—sentenció con sequedad Jace.

—Dinos, Kaleb, ¿quién es esa mujer que te está quitando el sueño?

Y tanto que era así; dormía poco y pensaba demasiado.

—Casie. Se llama Casandra.

—¿La conocemos?

—Sí.

—Cuando te pregunté me dijiste que no. Porque asumo que es la de la

relación interesante que te tenía entusiasmado—entrecomilló Jace.

—Es ella. No tenía por qué decirte nada—lo miró hosco—. En realidad, la conocen por otro nombre, Kelly.

—No conozco a ninguna Kelly.

Jace hizo gesto de pensar.

—¿A qué te refieres con que la conocemos de otra forma?

—Casandra es su nombre, pero sufrió problemas de acoso y persecución

por lo que se fue de su Estado y se cambió el nombre. Es la dueña de…

—¡Kelly's Delicatessen!—abrió la boca grande Violet y él asintió.

—¿No era ese el local para el que estabas trabajando con una

campaña?—preguntó Jace.

—El local en el que Sharon y Regina compran sus pasteles y dulces.

—Que me maten si entiendo cómo tú terminaste enredado con una

mujer que parece tan fuera de tu ambiente—dijo Jace.

—Creo que es justamente por eso. Ella no se parece en nada a las que

han sido mis conquistas habituales. Pero es todo lo que me gusta en una

mujer. Y lo arruiné—suspiró.

—¿Quién lo diría?

Miró al cabrón con los dientes apretados.

—¿Tú quieres ayudar o qué?

—No sé qué hiciste. Pero sí creo que tendrías que estar a sus pies en

este momento, rogando para que te acepte porque si no lo haces vas a ser

completamente infeliz—le dijo Violet.

—No es tan sencillo.

—¿Por qué no? ¿Ella no siente lo mismo por ti?

—No lo tengo claro. Diría que sí, de hecho, hasta hace dos semanas

estaba absolutamente convencido. Las dudas y el temor me hicieron

desaparecer y no supe más.

—Pensaste que ella caería a tus pies y rogaría que volvieras y nada— rio Jace.

—¡Jace!—se escandalizó Violet.

—Vamos, hermanita, es algo gracioso considerando el historial de Kaleb. Es un poco presuntuoso y le viene bien que lo ignoren, para variar. No

creo que no lo pueda solucionar, de todas formas—agregó, para calmar a

Violet, que le hacía gestos para que cortara.

—No lo sé. Me he comportado de una manera bastante imperdonable.

Como un cobarde. Ayer mismo me llamó. Por única vez. Incluso me dejó un mensaje, pero no me he atrevido a escucharlo. De seguro me echa al cuerno.

—Tal vez está llorando desesperada. Eso es bueno, podrás ir corriendo a consolarla. Veamos.

Jace tomó el teléfono del escritorio y Kaleb se abalanzó sobre él para evitar que lo usara, golpeándolo con el hombro, y cayeron enredados en

una pelea.

—No han dejado de ser los mismos adolescentes—suspiró Violet,

tomando el móvil y buscando el mensaje. Se sonrojó—. ¿Gatita? Esa es.

—¿Ese es el nombre con el que has agendado a la mujer que te ha conmovido?

Kaleb enrojeció y Jace lanzó la carcajada.

—Si alguna vez llegas a repetir ese nombre ante ella...—amenazó.

<<Kaleb, te agradecería si pudieras pasarme el contacto de alguna

empresa de seguridad o guardaespaldas al que pueda dirigirme. Creo… Creo que mi ex esposo me encontró. Recibí una nota amenazante, mi primera intención es huir, pero he creado algo de lo que estoy orgullosa y no lo pienso perder. Te pido a ti porque no conozco a nadie más. Solo el contacto, y te juro

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