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La esposa secreta del CEO romance Capítulo 209

Cuatro días. Cuatro días en los cuales su vida había sido un infierno,

inmerso en la desesperación de no poder ubicar a Casie. La policía lo había contactado y había tomado nota de su declaración, pero aún dudaban si considerar la situación de Casie como un rapto o una huida voluntaria. Ella ya tenía detrás una historia de desaparición de su ámbito normal y reaparición con otra identidad. No parecía importar demasiado su enfática declaración de que esto no estaba en el ánimo de la mujer y tampoco parecía haberlos presionado demasiado el que el detective Perry hubiera insistido en

que Richard Masterson era un hombre peligroso. El detective se había mantenido en contacto con él, tal y como le había prometido. Había inquirido al bastardo ex, al que había ubicado en el trabajo, al que no había faltado. No era raro si consideraban que Casie había desaparecido el sábado.

El detective señaló que el hombre había respondido sin dificultad,

aunque mencionó que se lo veía muy deteriorado en relación a un tiempo

atrás. Su vida se había alterado y había perdido su trabajo y buen pasar como consecuencia de su obsesión por Casie.

<>.

Kaleb le inquirió cuál era su experiencia en estos casos y el hombre le fue brutalmente honesto, haciendo que su la alarma creciera más si esto era posible.

<<Sí fue su ex esposo el culpable de su desaparición, y a pesar de eso

mantiene una fachada de normalidad, no puede haber nada bueno esperando a Casandra. Lamento decirlo de esta manera, pero solemos estar de manos atadas en estos casos. La violencia doméstica, el acoso y las muertes en este tipo de situaciones son comunes. No por ello menos terribles. Los acosadores tienen

el tiempo del mundo para vigilar a sus víctimas. Ignoro de qué forma él ubicó a Casandra, pero el tiempo corre y eso… Eso no es nada bueno. Temo que, si no logramos dar con ella pronto, la situación...

<<¿Ustedes vigilan a ese hombre? ¿Tienen controlado sus movimientos?>>

<>.

Esto lo había decidido, era imperioso operar por su cuenta. La

presencia de su primo Matt era afortunada, dentro del desastre. Este era un ex militar con entrenamiento que gerenciaba una empresa de seguridad reconocida y sus hombres, también ex militares, hacían un trabajo excelente. Jace y él se reunieron con Matt la misma noche en qué habían escuchado el mensaje de Casie. Ya le había dicho que no escatimara en gastos y usara todos los recursos a su disposición para encontrarla, y así lo estaban

haciendo. Lo llamó desesperado para decirle que no le importaba si quebraba la ley, si tenía que sobornar, hackear sistemas, lo que fuera, se haría cargo. Matt lo tranquilizó y le hizo saber que ya estaban en eso.

—Quiero que vayan por ese maldito bastardo, Matt. Que lo hagan confesar.

—Lo haremos a mi modo, Kaleb. Déjame actuar. No podemos

asustarlo. Si lo quebramos, podría no decirnos dónde tiene a Casandra. No

sabemos de su estado físico, pero su registro dice que perdió su casa y su

trabajo. No frecuenta los mismos círculos. Vive en una casilla rodante. Está al límite. Ya envié a un hombre para que lo vigile y lo siga. Lo atraparemos, Kaleb.

Sabía que estaba en un estado lamentable, la preocupación se notaba en su rostro pálido y desencajado y en el nervioso tic de uno de sus ojos. Apenas sí había comido y dormido esos días.

Había hablado con Marie, la hermana de Casie. Esta se había extrañado con su primer contacto, desconfiando, pues Casie no le había contado lo que pasaba entre ellos. Él fue sincero al decir que tenían una relación y la quería. Fue la primera vez que lo dijo en voz alta, convencido. Marie le confesó el terror que sentía, el miedo de perderla. No había atendido a Casie cuando esta la llamó porque estaba trabajando. Al escuchar

el mensaje el corazón le había dado un vuelco, pero cuando quiso contactarla había sido imposible. Esto de por sí era un signo evidente de que algo malo le ocurría. Marie estaba segura de que Casie no iba a desaparecer sin decírselo. Eran muy unidas, habían atravesado juntas el grave proceso de acoso de Richard. Lloraba sin control. Trató de confortarla y decirle que todo estaría

bien, que él estaba haciendo lo que estaba en sus manos para encontrarla.

Había dormido esos días en su oficina, pegado a su teléfono y atosigando constantemente a Matt, a la policía local y al detective Perry. El estado de desesperación le llevó a considerar que lo que debía hacer era tomar el asunto enteramente en sus manos.

Eso lo decidió el cuarto día. Se incorporó. Tenía que viajar hasta

dónde estaba ese bastardo, debería haberlo hecho el primer día. Lo atacaría y le haría escupir la información sobre Casie así tuviera que acogotarlo. No le importaba nada.

Con la idea firme, se trasladó a su departamento en busca de

herramientas que le podrían ser de utilidad. Algunos de los objetos que

usualmente utilizaba por placer bien podrían ser necesarios; esposas cuerdas incluso algún látigo y cuchillo. Tomó también el revólver que tenía en su caja fuerte y le puso las balas. Estaba decidido a recuperar a su mujer. Justo cuando descendía recibió la llamada de Matt.

—¡Lo tenemos! Pudimos ubicar la última posición del teléfono de

Casandra. Está apagado ahora, pero la última vez que una torre recibió su

posición fue en Utah, no muy lejos de Salt Lake City.

—¡Es el, él la llevó hasta allí!

—Hemos estado buscando información y conseguimos ubicar un

lugar que pertenece a su familia y que al principio no aparecía porque los

papeles de propiedad están a nombre de su abuela materna. Un rancho en las afueras, a unos cuantos kilómetros de la ciudad.

—¡Tenemos que ir allí!

—Estamos preparando todo. Mi hombre lo tiene vigilado. Usaremos

el avión. Jace ya solicitó los permisos.

—Voy a ir también.

—Kaleb, no tienes la preparación…

—¡A la mierda con eso! Es mi mujer la que está en riesgo. Y ese bastardo la tiene.

—No puedo garantizar tu seguridad Si tú no obedeces mis órdenes—

la voz de Matt fue seca y Kaleb entendió su posición.

—No haré nada para comprometer la misión, soy el más interesado en

esta. Pero tengo que estar ahí cuando la encuentren.

—Puede ser muy duro.

La voz de Matt anunciaba lo que no quería pensar. Que ella ya no

estuviera viva. Pensarlo hizo que su corazón palpitara sin freno y la vista se le nublara, pero se rehízo. Tenía que ser fuerte por ella. Las horas siguientes fueron lentas. Matt y dos de sus hombres delinearon el plan, estableciendo las rutas y el procedimiento. Llegarían sobre

la media tarde y vigilarían el rancho. Estarían en contacto con el hombre que vigilaba a Richard, el ex esposo de Casie. La sorpresa era fundamental para atraparlo.

Contactarían al detective Perry una vez que la situación estuviera

resuelta. No querían trabas de ningún tipo de procedimiento o papeleo. Pero

al final, si todo salía como esperaban, tendrían pruebas para enterrar al

bastardo en vida, en prisión.

El viaje fue tenso y casi sin hablar. Kaleb había dejado mensaje a

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