Despertó con un grito, bañada en transpiración y agitada, la pesadilla
aun envolviéndola. Otra vez la imagen del rostro distorsionado de Richard, sus amenazas, el cuchillo, los insultos. Se estremeció, sentándose en la cama, boqueando en busca de aire
fresco que la sacara del pavor. Había transcurrido una semana y todavía
sentía el miedo y la desesperación.
Su piel era un mapa que mostraba a las claras el vapuleo que había
sufrido por parte de ese hombre que había perdido toda cordura. No
importaba que supiera que en este momento estaba encarcelado esperando el que sería un juicio corto y lapidario. Su testimonio junto con el del detective Perry, Kaleb y los hombres que le habían rescatado serían suficientes para apresarlo por muchos años. Ya no sería una amenaza en su vida, podría recuperar su nombre, la tranquilidad,
vivir sin miedo ni mirando hacia atrás. Sin embargo, esto no eliminaba de plano el trauma sufrido. Sería
necesario retomar la terapia, pero lo haría sin dudar. Tendría la ayuda de
Marie, que había decidido mudarse a Los Ángeles para estar cerca. No podía
estar más feliz, eran muy unidas y sabía que aquella había estado tan sola como ella.
Tenía a Kaleb. Suspiró, más calma y se regodeó en la idea del que amaba junto a ella. No habría imaginado que el dominante y sexy hombre de
negocios sería su caballero de brillante armadura, el que la salvaría del monstruo. Creyó haberlo perdido, estaba convencida de que había sido una diversión pasajera para él. Pero, él le había dado pruebas de lo contrario, utilizando lo que tenía a su disposición para encontrarla y salvarla, contratando personal especializado, atosigando ferozmente a la policía y el detective Perry.
Este mismo se lo había confirmado, especificando el <<grano en el
culo>> que había sido ese hombre que no podía permitir que algo le pasara.
Su hermana, luego de haberla abrazado y llorado, le había reprochado el que no le hubiera contado nada. Podía haberle relatado la verdad, pero había tenido vergüenza, pues había considerado que la suya era una relación puramente sexual que además
tenía connotaciones un poco excéntricas. Ella no había creído en la
posibilidad de algo duradero y sabía que Kaleb tampoco.
Los días posteriores al rescate, cuando había estado más tranquila y
pudo pensar con más calma, coqueteó con la idea de que él se sentía culpable y por eso pretendía una relación. Trató de hacerle ver que no tenía por qué sentirse así, que ella estaría bien. Tal vez él podía sentirse responsable por no haber atendido el teléfono en su momento o no haberle brindado asistencia, pero él desechó estos argumentos sin miramientos.
<<Sí me sentí culpable en su momento, Casie. Fui un cobarde que no era capaz de aceptar que quería algo más contigo>>.
>>De verdad no creo que sea necesario que te sacrifiques
>>¿A qué te refieres, Casie?
¿Sacrificarme? No hay nada de sacrificio en tenerte en mis brazos y en mi cama, gatita. Eres el premio mayor. Un regalo que no merezco, pero que tomo sin devolución.
Cuando le decía esto y le sonreía, observándola con ternura y
abrazándola, se sentía derretir y se animaba a considerar que el mundo le devolvía un poco de luz.
Mientras estuvo en el hospital, recuperándose de dos costillas rotas, cortes y abrasiones distintas, recibió visitas inesperadas que la pusieron
nerviosa y que les fueron reafirmando que Kaleb iba en serio.
En principio Regina y Violet, ambas contritas y super amables,
explicándoles lo preocupadas que habían estado, lo mucho que Kaleb había sufrido y el alivio que toda la familia sentía al ver que estaba bien y que había sido rescatada.
—Me complace pensar que Kelly´s Delicatessen proveerá de manera
ilimitada a nuestra casa ahora —, le dijo Regina riendo y ella no pudo más
que devolver la sonrisa.
—Sin dudas, considerando que fue la fiesta de tu niña la que hizo que
Kaleb recalara en mi local y que nos conociéramos—añadió con timidez.
—Eso es maravilloso—aplaudió Regina—. Aunque le debes también
un agradecimiento a Sharon, que fue la que se lo pidió—indicó.
Violet la observaba con atención y ella se sintió un poco nerviosa.
—Entiendo que debo explicarles un poco el tema de mi nombre y lo
que me pasó.
—De ninguna forma—dijo Violet—. Kaleb nos contó y no es necesario. Lo que mi hermano crea y elija es suficiente para mí. Has pasado
una experiencia traumática que no puedo siquiera imaginar—tembló—.
Quiero que sepas que mi hermano de verdad te ama. Le costó asumirlo
porque es un hombre algo obcecado e inmaduro. Está tan acostumbrado a dar una imagen de sí mismo como un cínico extrovertido que le cuesta mostrar su verdadera faceta. Es un hombre cariñoso, responsable y fieramente protector con los que quiere.
Casie sintió una calidez entrañable al ver el amor con el que la más
pequeña de los Monahan definía al hombre que amaba.
—Créeme que he visto a ese hombre y lo quiero.
—Eso es un alivio.
La voz rasposa de Jace la hizo respingar. Era el que menos conocía
de los Monahan y tenía una fachada un poco seria.
—Créeme que es una tranquilidad saber que vas a quitarme a Kaleb

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