Este último mes había sido agotador para ella.
Tenía que ser fuerte, trabajar, fingir que no le importaban Fabio y Caro, fingir que no le importaba la deuda de dos mil millones, ser indestructible, inmune a todo...
Había contenido todas sus emociones, con el único consuelo de que, después de aguantar un mes, obtendría el divorcio y se liberaría de ese matrimonio que era una tortura para el alma.
Y ahora que casi lo había logrado, Fabio decía que no quería divorciarse...
Karina se sentía inquieta y ansiosa.
Esa noche no pudo dormir.
Deambuló por la terraza como un alma en pena.
Llegó a pensar que, si Fabio no se divorciaba, saltaría desde lo alto del edificio de Andes Chip...
Era una idea demasiado descabellada, y rápidamente la descartó.
Ella no había hecho nada malo, ¿por qué buscar la muerte? ¡El que merecía morir no era ella!
Karina se armó de valor y, la noche antes de que terminara el período de reflexión, le propuso a Fabio que se reunieran para hablar tranquilamente.
Fabio eligió el lugar.
Era el mismo salón privado del restaurante con música.
Cuando Karina salía, se encontró con Ariel, que terminaba su turno.
Él le preguntó: —¿Vas a salir?
Karina asintió.
Ariel añadió: —Melisa no está en casa. ¿Quieres que te lleve?
—No hace falta, es más fácil si pido un taxi.
Dicho esto, Karina se alejó a paso rápido.
Ariel notó que, mientras hablaba con él, Karina no había dejado de fruncir el ceño, como si se enfrentara a un problema difícil de resolver...
Fabio había reservado todo el restaurante.
Todo el personal estaba concentrado en el primer piso.
—Si el problema es que no soportas a Seli, puedo solucionarlo. Compro un terreno, te construyo otra mansión y nos vamos a vivir allí con Caro.
Karina lo miró como si fuera un extraño:
—¿Para que tú puedas volver de vez en cuando a la Hacienda de las Rosas y acostarte con Selena? Fabio, tus amigos te han contagiado sus malas mañas.
El gesto de Fabio al servir el vino se detuvo por un instante, pero enseguida se recompuso.
—Estamos hablando de nosotros, no metas a otros en esto.
Fabio le acercó una copa de vino tinto a Karina.
Karina la miró fijamente, sin moverla.
—¿Temes que le haya puesto algo? —dijo Fabio, adivinando sus pensamientos.
Karina alejó la copa un poco más.
—Si alguien te apuñalara por la espalda varias veces, ¿podrías volver a confiar en él?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío