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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 93

Ariel podía sentir el cuerpo lánguido de Karina apoyado contra su pecho, obligándolo a rodear su cintura con el brazo.

Al estar más cerca, Ariel notó un sutil enrojecimiento alrededor de los ojos nublados de Karina.

—¿No eres médico? Trátame como si fuera una paciente.

—Necesito que me cures, profesor Solano...

Ariel sintió un escalofrío que le recorrió hasta la coronilla. Cada nervio, cada célula de su cuerpo estaba siendo torturada.

Ya de por sí era la mujer que le gustaba, y ahora, abrazándolo de esa manera, suplicándole, con esa apariencia vulnerable y apasionada, completamente a su merced... realmente estaba a punto de perder el control.

—Tranquila, espera un poco más, ya casi —la consoló en voz baja, con una ternura sin precedentes.

Los ojos de Karina estaban completamente enrojecidos.

Bajo sus lágrimas, se escondía un deseo seductor.

El cuerpo de Ariel se tensaba por momentos. Ya no sabía cómo calmar a Karina.

Sentía que era él quien necesitaba que lo calmaran.

Que lo convencieran de no aprovecharse de ella.

—Aguanta un poco, ya casi está. Tranquila.

Karina no alcanzaba la boca de Ariel, así que desvió sus besos de la comisura de sus labios hacia el costado de su cuello.

Su aliento ardiente, sus besos intermitentes y sus jadeos entrecortados estaban llevando la cordura de Ariel al límite.

Con una mano rodeando la cintura de Karina, con la otra vació la bañera y la llenó con agua fría.

La abrazó y se metió con ella.

—Qué frío —dijo Karina, temblando.

El agua helada chocaba contra su piel ardiente, provocando una sensación que era a la vez un alivio y un dolor punzante.

Se aferró a Ariel una vez más, buscando el calor de su cuerpo.

El ardor de Ariel apenas había comenzado a disiparse, pero el roce de Karina lo obligó a seguir soportando el bautismo de agua fría.

Pasó mucho, mucho tiempo, antes de que la atmósfera finalmente se calmara.

Cuando los meseros del primer piso le contaron que un hombre se había llevado a la Sra. Torres y que el director Torres estaba solo arriba, Orlando subió corriendo.

Vio a Fabio con la cabeza metida en un lavabo lleno de agua fría.

Sintió una punzada de tristeza: —Fabio, ¿por qué te haces esto?

—Vamos, te conseguiré una chica “limpia” para que te desahogues.

—No es necesario. Llévame a casa —insistió Fabio.

Al llegar a casa, Fabio ignoró a Selena, que se acercó a recibirlo, y fue directo a su habitación a darse una ducha de agua fría.

Orlando lo vio todo y se sintió angustiado.

Hacía años, lo habían metido en un problema por una trampa, y ni su propio padre quiso ayudarlo. Fue Fabio quien movió sus contactos y pagó para sacarlo del apuro.

Fabio era su mejor amigo, ¡no podía quedarse de brazos cruzados viendo a su hermano sufrir!

Así que le contó a Selena todo lo que había pasado y le preguntó si estaría dispuesta a “agradecerle” a Fabio con su cuerpo.

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