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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1016

La familia Ramos

Al escuchar el reporte del otro lado de la línea, los rostros de todos en la familia Ramos se tornaron sombríos.

Esteban soltó una risa burlona y comentó:

—Ya les había dicho que estaba huyendo porque sabe que es culpable, pero ustedes no me creen. Miren, Sabrina sigue escapando, resistiéndose con uñas y dientes.

Martín, sin aceptar lo que decía, reviró:

—Sabrina jamás haría algo así, debe haber un malentendido. Félix, Esteban, pueden traerla de vuelta, pero ni se les ocurra lastimarla.

Félix asintió:

—No se preocupe, padre. Después de todo, sigue siendo nuestra hermana. No le vamos a hacer daño.

Solo entonces el semblante de Martín se suavizó un poco.

No pasó mucho tiempo antes de que el teléfono de Félix sonara de nuevo.

Al contestar, la voz del asistente del otro lado sonaba a punto del colapso.

—Señor Félix, el carro de la señorita Ibáñez no solo no pudimos alcanzarlo, sino que además destrozó varios de nuestros vehículos. Sufrimos muchas pérdidas...

Félix soltó una carcajada incrédula.

—¿Me estás diciendo que, con toda la gente que tienes, ni siquiera pueden detener un solo carro?

A esas alturas, Félix estaba seguro: mientras Sabrina no abandonara la ciudad, tarde o temprano la atraparían, por más que se resistiera. Llevarla de regreso sería pan comido.

El asistente, titubeando, replicó:

—Señor, es que ella es su hermana, no nos atrevemos a actuar con fuerza. Además, maneja como si fuera profesional, y si no bloqueamos antes, ni siquiera podemos acercarnos...

Los ojos de Félix se volvieron duros.

—Félix, ya ha pasado mucho tiempo. ¿Por qué no hay noticias?

Félix, con el ceño marcado por la tensión, estaba por tomar el teléfono para apurar a los suyos, cuando el celular sonó primero.

Al contestar, la voz del asistente, ahora temblorosa y repleta de angustia, lo dejó helado.

—Señor Félix, la verdad es que el otro carro maneja increíble, ni siquiera podemos acercarnos. Y ahora se llenó de curiosos que quieren ver el espectáculo, así que cada vez es más difícil seguirla. Ya perdimos a muchos, y la ciudad está hecha un caos. Hay muchos carros dañados...

—Esa mujer está loca, no le importa nada, va chocando por todos lados como si la ciudad fuera suya. Así no se puede, señor.

El asistente hizo una pausa, y luego soltó casi en susurros:

—Encima, nos está provocando. Chocó varios carros, y entre ellos hay de otras familias poderosas. Algunos quedaron en mal estado, y varios de los heridos ya están en el hospital. No sabemos si la van a contar...

—Si esto sigue así, temo que... temo que...

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