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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1017

El asistente ya no siguió hablando, pero ¿cómo iba a ser que Félix no entendiera lo que quería decir?

Si esto continuaba así, la familia Ramos iba a dejar Chile hecho un caos, sin saber cuántas familias poderosas terminarían ofendidas.

Félix, casi sin pensarlo, apretó el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, mientras una ola de furia se le pintaba en la cara.

Apretando los dientes, murmuró entre coraje y sorpresa:

—¡Sabrina, de verdad que te luciste!

Federico arrugó la frente, claramente preocupado.

—¿Qué pasó ahora?

Félix les contó a todos lo que el asistente acababa de reportarle.

El impacto fue inmediato.

¿Cómo era posible que Sabrina se atreviera a hacer semejante escándalo en Chile? ¿Se le había ido la cabeza?

—¡Pum!

Esteban golpeó la mesa con tal fuerza que el sonido retumbó en la sala.

—¡Está clarísimo que lo está haciendo a propósito! Solo por llevarnos la contraria, se fue a chocar los carros de otras familias poderosas, sin importarle si salía alguien herido o peor. ¡Eso es maldad pura!

La familia Ramos siempre había sido reconocida por su buena reputación y sus relaciones. Ahora, con el regreso de Sabrina, primero salió a la luz el escándalo de Eva, y luego esto de los choques, poniéndolos en el ojo del huracán y atrayendo enemigos por todos lados.

Era como si quisiera ver arder todo.

Federico, tras escuchar eso, sintió que el párpado le brincaba del estrés.

Ni siquiera hacía falta estar en la escena para imaginarse el desastre que se estaba formando afuera.

Podía apostar que, apenas terminara el día, decenas de personas vendrían a pedir explicaciones.

Miró directo a Martín.

—Si dejamos que Sabrina siga así, esto solo se va a poner peor. Va a haber más heridos y quién sabe qué más. Padre, es hora de tomar medidas.

Martín dudó un momento.

—Pero Sabrina no era la que iba manejando. Tal vez ni siquiera quería que pasara un accidente. Al final, sigue siendo de la familia. No podemos hacerle daño.

Federico insistió, tratando de calmar a su padre:

—Tranquilo, padre, no vamos a lastimarla. Pero tampoco podemos dejar que siga haciendo lo que quiere.

Federico hizo una pausa, como si recordara algo importante.

—Ahora que lo pienso, Eva también es piloto de carreras. Con su nivel, seguro puede alcanzar a Sabrina.

Ni uno solo de los carros que los seguían había logrado acercarse a menos de tres metros.

Incluso, Sebastián le preguntó a Sabrina:

—Dime, ¿hay algún carro que te caiga mal? Si quieres, me encargo de él.

Hablaba con una naturalidad que hacía parecer todo un simple juego más, como si nada pudiera salir mal.

Daniela bromeó, intentando aligerar el ambiente:

—Hache, ni que el premio fuera tan grande como para arriesgarlo todo. ¿O me quieres ver en la ruina?

Ya ni recordaba cuántos carros había visto volcarse detrás de ellos gracias a Sebastián.

Él, con una sonrisa, reviró:

—Si te preocupa, tranquila, puedo hacer una oferta dos por uno.

Justo en ese instante, se fijó en varios carros de lujo estacionados a lo lejos, todos ediciones limitadas.

Sebastián señaló y explicó:

—Ese de la placa 567 es del hijo del magnate petrolero de Chile. Ese tipo solo busca a menores de edad para hacerles daño, de lo peor que hay, y ya ha causado la muerte de varias personas. Por su familia, nadie se atreve a meterse con él, ni siquiera los que tienen poder.

...

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