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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1018

Muchos padres ya habían hecho de todo, buscando cómo hacer que él pagara por sus crímenes, pero en Chile toda la gente poderosa estaba comprada por él, desde arriba hasta abajo.

Cuando los padres de las víctimas se presentaban a exigir justicia y le obstaculizaban el paso, él perdía la paciencia y, sin el menor remordimiento, los mataba a golpes.

Incluso atropellaba con su carro a quienes intentaban detenerlo y exigirle cuentas.

Daniela apretó los puños, indignada.

—¡No puedo creerlo! Chile es un país tan desarrollado, tan poderoso, ¿cómo puede haber gente tan podrida en las alturas?

Sebastián soltó una sonrisa con un dejo de burla.

—Así es el capitalismo: aquí lo único que importa son los intereses. Ese magnate petrolero genera tanto dinero para el gobierno de Chile cada año, que no solo no se atreven a tocarlo, sino que hasta le andan haciendo reverencias a toda su familia.

Daniela chasqueó la lengua, llena de rabia.

—¡Qué asco! No me sorprende que existan familias como los Ramos o los Hoyos en este país. De verdad, aquí es imposible que la gente buena sobreviva.

Sebastián levantó la comisura de los labios, con una sonrisa enigmática.

—¿Te gustaría ver cómo se destruyen entre ellos?

Los ojos de Daniela brillaron como si hubiera encontrado un tesoro.

—¡Por supuesto! Ese tipo de basura, si no lo eliminan, la humanidad no va a poder respirar tranquila. Y si de paso le quitan todas sus herramientas para hacer maldades, mucho mejor.

Sebastián giró la cabeza hacia Sabrina.

—Sabrina, ¿tú qué opinas?

Sabrina asintió con firmeza.

—Gente así merece cualquier cosa que le pase. Haz lo que debas, si algo sale mal yo asumo la responsabilidad.

Con el respaldo de Sabrina, Sebastián pisó el acelerador.

...

En el chat de la transmisión, la gente estaba vuelta loca.

[Yo sé de quién habla Hache, ese tipo hasta salió en las noticias internacionales, ¡no pensé que siguiera vivo!]

[¡Hache, acaba con esos desgraciados! ¡Estamos contigo!]

[Hace rato Daniela dijo que por cada carro que Hache voltea le dan un premio. ¡Hay que mandarle más regalos a Daniela para que Hache siga castigando a estos monstruos!]

—Hace un par de días, Gabriel le mandó unos documentos a Sabrina, pidiéndole que tuviera cuidado con la gente que aparecía ahí. Como soy su guardaespaldas, para mí es obligatorio memorizar a los sujetos peligrosos, así que me los aprendí.

Sabrina también recordó el asunto. Cuando Gabriel llamó, Sebastián estaba presente y le pidió revisar los documentos primero. Como no había nada confidencial, Sabrina accedió.

Daniela abrió los ojos, sorprendida.

—¡Con razón estos días no dormías! Pensé que era por otra cosa, pero estabas estudiando toda esa información... ¡Hache, sí que te tocó pesado!

Sabrina sintió una punzada de culpa. Ella había pasado los días paseando con Jorge, sin siquiera echarle un ojo a los documentos, mientras que Hache se los había aprendido de memoria.

Pero Sebastián restó importancia.

—No es para tanto. Cuando tengo un rato libre, le doy una revisada y ya. No es que me desvele por eso.

Daniela lo miró, desconcertada.

—¿Entonces en qué estabas ocupado?

Los ojos de Sebastián se oscurecieron, con una seriedad que imponía respeto.

—En buscar pruebas. Te lo dije: voy a demostrar que Ulises secuestró a Sabrina.

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