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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1034

—Tus tres hijos, cuando no hay problemas, parecen bastante decentes, pero nomás surge un conflicto y se les nota de inmediato que les falta mucha cabeza para resolver las cosas.

—Sea cual sea el motivo, lo primero debieron haber hecho era tranquilizar a Sabrina, no ponerse en su contra y buscar enojarla.

—Por lo visto, a estos tres muchachos les falta foguearse más. El Grupo Ramos no puede caer tan pronto en sus manos.

La sala se llenó de murmullos. Cada quien daba su opinión y lanzaba su comentario al aire. Ya solo faltaba que dijeran con todas sus letras que los tres hermanos Federico no daban el ancho.

Las caras de los tres hermanos Federico se pusieron casi moradas de coraje. Una vez que se calmaron y recapacitaron, todos pensaron lo mismo: Sabrina los había metido en un lío a propósito. Estaba clarísimo que Sabrina los había llevado con la conversación justo donde ella quería. Su única intención era dejar mal parada su reputación.

Entonces, otra voz se hizo escuchar:

—A mí me parece que esa tal Sabrina tampoco es ninguna santa. Exponer los problemas familiares y hacer que el Grupo Ramos quede en boca de todos para que lo critiquen... Eso no es de buena gente, es de alguien con mala entraña.

Un veterano del grupo de Celeste soltó una carcajada cortante.

—¿Y tú crees que alguien va a salir a ventilar los trapos sucios de la familia nomás porque sí? Si Sabrina no hubiera sido tan maltratada, ¿tú crees que habría hecho algo así? No olvides que fue Ulises el que la secuestró y hasta le arruinó la mano. Y para acabarla, Martín y su hijo, con tal de ganar unos cuantos pesos, no solo no defendieron a su propia hija, sino que hasta quisieron aprovecharse para quedarse con sus acciones originales...

—Hasta el barro tiene su límite, ¿no crees? ¿De verdad pensaron que con Sabrina podían hacer lo que quisieran? Si nadie la molesta, ella tampoco busca pleito. Como hija de Celeste, Sabrina nunca ha avergonzado a su madre.

El veterano clavó la mirada en Martín, dejándole claro lo que pensaba.

—Solo una persona con ese carácter puede manejar una empresa como se debe.

La expresión de los tres hermanos Federico cambió de inmediato, tragando saliva en seco.

El mismo hombre siguió:

—Ramos, ¿y cuándo vas a hacer que Sabrina entre de lleno a la empresa? Ella tiene el diez por ciento de las acciones originales, eso la hace una de las cabezas. Tiene derecho a sentarse aquí y participar en las decisiones como cualquiera de nosotros.

Martín lo tenía claro: ya no había forma de frenar la entrada de Sabrina a la compañía.

—Todos saben cuántas ganancias ha generado Eva para el Grupo Ramos a lo largo de estos años. Si no quisiera cancelar la colaboración con la familia Hoyos, no es por otra cosa más que por el bien de todos. Sobre el tema de la colaboración, ya seguí la recomendación de Sabrina y saqué el comunicado. Pero si no dejan que Eva entre al Grupo Ramos, entonces que se cancelen todos los acuerdos logrados gracias a ella. De otra forma, ¿cómo le explico a Eva y a esas familias influyentes?

...

Terminada la junta, los accionistas del bando de Celeste salieron con cara de pocos amigos.

Al final, la propuesta de Martín se sometió a votación: la minoría tuvo que acatar la decisión de la mayoría.

Excepto por los viejos aliados de Celeste y unos cuantos accionistas, casi todos votaron a favor de que Eva se integrara al Grupo Ramos.

Solo entonces se dieron cuenta. Todos estos años, Martín no había dejado que Eva entrara a la empresa porque le estaba preparando el terreno.

Ahora que el camino ya estaba hecho, también había llegado el momento de que Eva entrara al Grupo Ramos.

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