El padre e hijo Ramos apenas se habían calmado tras el ingreso de Eva Ramos al Grupo Ramos, cuando vieron a su asistente correr hacia ellos, visiblemente alterado.
—Presidente Ramos, señores, tenemos un problema —anunció el asistente, con la voz entrecortada y el sudor perlándole la frente—. Ayer, el carro de la señorita Ibáñez chocó contra los hijos de un magnate petrolero y de un financiero. Los dos muchachos están gravemente heridos, y es posible que les queden secuelas permanentes.
El asistente tragó saliva antes de continuar:
—Ahora mismo, esas familias están en la entrada, exigiendo una explicación.
Esteban Ramos arrugó la frente, frustrado.
—Eso lo hizo Sabrina Ibáñez, ¿y qué tiene que ver con nosotros? Además, todo el mundo sabe, porque Sabrina lo transmitió en vivo ayer, que no nos llevamos bien. Que vayan a reclamarle a ella, no a nosotros.
El asistente bajó la mirada, buscando las palabras correctas.
—Señor, la visión de los extranjeros no es como la nuestra. Para ellos, Sabrina sigue siendo hija de la familia Ramos. Lo que haga, bien o mal, nos representa a todos. Si les respondemos así, no van a buscar a Sabrina. Van a pensar que estamos lavándonos las manos y que no queremos hacernos responsables.
El asistente miró fugazmente a Esteban, midiendo su reacción antes de seguir.
—Y… si esto se difunde, en el círculo de familias latinas en Estados Unidos vamos a quedar muy mal parados. Sobre todo porque no hace mucho reconocimos oficialmente a la señorita Ibáñez como parte de la familia. Si en cuanto ocurre un problema la desconocemos, todos van a creer que solo la aceptamos para quedarnos con sus acciones originales, y nos lloverán críticas por todos lados.
Aunque Sabrina no tenía poder ni influencia directa en ese momento, su fama no era poca. Desde su divorcio, se había mantenido activa en el ojo público. Las noticias sobre ella solían ser positivas; si surgía algún rumor negativo, no tardaba en aclararse, y eso apenas hacía que la gente la admirara más.
Incluso André Carvalho, en su momento, había tenido varios encontronazos con Sabrina y nunca salió bien librado. Siendo quien era en Colombia, André solía tener el control de la prensa y podía sacar a gente de cualquier lío sin problemas. Pero ni así pudo ganarle del todo a Sabrina.
—Si hasta André, con todo su peso, no pudo doblegarla allá en Colombia, imagínate nosotros —murmuró uno de los hermanos.
Si esto hubiera pasado en Colombia, la familia Ramos no tendría ni una sola posibilidad de revertir la situación y quedaría completamente contra las cuerdas.
—Sabrina, ¿ya viste el problema que armaste? Ayer chocaste contra los hijos de dos familias que no deberías haber tocado. Si no quieres que esto termine peor, más te vale presentarte ya en el Grupo Ramos.
Federico Ramos intentó detenerlo, pero Esteban ya había cortado la llamada.
Federico apretó los labios y reviró, molesto:
—¿Para qué le llamaste, Esteban? ¿Quieres que esto se haga aún más grande?
Esteban no se achicó.
—Ella fue la que chocó, así que debe venir a disculparse en persona. ¿O de veras cree que la gente de afuera es igual de tolerante que nosotros?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...