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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1060

En ese instante, una bofetada retumbó en la cara de Esteban.

—¡Paf!—

No parecía que el hombre hubiera usado mucha fuerza, pero Esteban terminó azotado contra el suelo, desplomándose de forma penosa a los pies de Sabrina.

Sebastián, fingiendo sorpresa, soltó:

—¿Que no el segundo hijo iba a venir a darle una lección a Sabrina? ¿Por qué ese gesto tan solemne? ¿Será que te sientes culpable por tu madre que ya no está y por eso decidiste arrodillarte primero?

Federico y Félix miraban todo con el ceño arrugado, sin decir una sola palabra más.

¿Qué le pasa a Esteban, que nunca aprende la lección?

¿Acaso no se da cuenta que cada vez que trata de agredir a Sabrina termina siempre perdiendo y quedando en ridículo?

Además, Hache era conocido por su destreza. Martín les había platicado lo que ocurrió cuando el magnate petrolero sacó la pistola y todavía seguía impresionado de lo hábil que era Hache como guardaespaldas.

No solo la gente común, ni siquiera los que han entrenado son rivales para él.

El ardor en la mejilla, finalmente, hizo que Esteban, fuera de sí, recobrara algo de lucidez.

Con los ojos rojos por la rabia, lanzó una mirada llena de odio hacia Sabrina.

Félix se apresuró a levantarlo.

—Esteban, ya es suficiente. Vete a descansar. Aquí estamos nosotros, y cuando Eva despierte te avisaré.

La mitad del rostro de Esteban se había inflamado por la bofetada de Sebastián.

Pero nadie quiso señalar a Sabrina ni decirle algo más.

Todos sabían que si decían una palabra, Sabrina tendría mucho más que responderles.

Y además, era cierto: Esteban había empezado la pelea.

Últimamente, Esteban estaba demasiado impulsivo, irritable, como si hubiera perdido la cordura y la calma que lo caracterizaba.

Tal vez necesitaba ese golpe de realidad.

Martín intervino también:

—Esteban, mejor vete. Ya hay demasiada gente en la habitación, y Eva necesita tranquilidad para recuperarse.

Esteban se tocó la cara, que aún le ardía, y entendió que se había salido de control.

Lanzó una mirada cortante a Sabrina y, sin decir más, se marchó.

Chiara también echó una mirada a Sebastián, que estaba detrás de Sabrina.

Ese hombre tenía una presencia tan llamativa, que resultaba imposible no fijarse en él.

Como si sintiera su mirada, Sebastián la volteó a ver.

Sus ojos eran como un abismo sin fin: oscuros, profundos, imposibles de leer, transmitiendo un peligro instintivo.

¿Ese era el jefe de la familia Fonseca, el hombre que le gustaba a Rocío?

Después de tantos años juntas, Rocío y Eva compartían hasta los gustos más exigentes.

Chiara sabía que si Rocío se fijaba en alguien, ese alguien no podía ser común.

Pero tras ver a Sebastián, supo de inmediato que Rocío jamás podría dominarlo.

Chiara apartó la mirada y volvió a centrarse en Eva, preocupada por el estado en que se encontraba.

Félix preguntó:

—Chiara, ¿de verdad estás segura de que quienes secuestraron a Eva fueron el magnate petrolero y el financiero?

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