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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1081

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—¿Por qué ella demuestra ser incluso mejor que Eva? Hasta sus propuestas superan a las de Eva —preguntó alguien, sin poder disimular la sorpresa.

—Eso ni se pregunta, seguro heredó el talento de Celeste —respondió otro, con tono convencido—. ¿Acaso no recuerdan cómo era Celeste en su momento? La pusieron al mando en plena crisis, y muchos esperaban verla fracasar, hasta se morían de ganas de reírse de ella. ¿Y qué pasó? Terminó siendo una experta en inversiones. Los asuntos administrativos, siempre los delegaba a sus subalternos más capaces. Ella solo se enfocaba en levantar el Grupo Ramos y mantenerlo firme. Lo demás nunca le quitó el sueño.

Las miradas se posaron sobre Sabrina, y de un momento a otro, la sala se llenó de una energía ferviente. Ahora, el Grupo Ramos estaba dividido en tres bandos: los de Martín, los de Celeste y los neutrales.

El bando de Martín y el de Celeste no podían verse ni en pintura, el conflicto venía desde que Celeste dejó la empresa y no había dado tregua. Los neutrales, por su parte, preferían no meterse en broncas: se alineaban con quien beneficiara más al Grupo Ramos. Por eso, en la votación anterior, como Eva les había dado buenos dividendos estos años, aceptaron que ella entrara al grupo.

Pero ahora, al ver el desempeño de Sabrina, no pudieron evitar acordarse de Celeste. El arrepentimiento los carcomía: ¿cómo fue que dudaron tanto en el pasado, dejándose ir la oportunidad de ganar a lo grande? Si Sabrina tenía la misma visión y astucia que Celeste, esta vez no pensaban dejarla ir.

Jaime y Raimundo se lanzaron una mirada, intercambiando una complicidad muda; ambos sabían perfectamente lo que el otro pensaba.

Mientras tanto, Esteban y Félix, al ver que Sabrina captaba la atención y el apoyo de todos sin batallar, se pusieron tensos. El ceño de Esteban se marcó y soltó, con un tono cortante:

—No me trago eso de que una novata, que nunca estudió negocios, haya hecho una propuesta tan perfecta. Yo sospecho que Sabrina hizo trampa. ¡Ese plan no pudo haber salido de ella!

Con esas palabras, la sala quedó en silencio. Todas las miradas se dirigieron a Sabrina, esperando su respuesta.

Sabrina solo sonrió, con una calma que desarmaba. Sin perder la compostura, devolvió el golpe:

—Yo no tengo nada que aclarar. El que acusa, que pruebe. No tengo tiempo para andar defendiéndome, todavía me falta mucho por aprender. Si dices que hice trampa, enséñame las pruebas, hermano. Al menos tú eres gerente, ¿no? No vas a inventar cosas frente a todos los accionistas y directivos solo para perjudicar a tu propia hermana, ¿o sí?

En ese ambiente tenso, Martín intervino para cortar la discusión:

—Ya basta. Es la primera vez que ambas presentan una propuesta. Todos queremos lo mejor, así que no es raro que hayan pedido ayuda. Si Sabrina y Eva están interesadas en la misma empresa, lo mejor es dejarlo a votación. Que los accionistas decidan quién debe administrarla.

...

El ambiente se relajó apenas un poco, pero la tensión seguía flotando en el aire. Sabrina sentía las miradas sobre ella, unas llenas de expectativa, otras de recelo. Eva, sentada en la otra esquina, apretó los puños bajo la mesa, luchando por mantener la calma.

En ese instante, el futuro del Grupo Ramos pendía de un hilo, y todos sabían que la decisión que tomaran no solo definiría el destino de la compañía, sino también el de la familia entera.

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