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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1085

Normalmente, cuando Sabrina se dedicaba a organizar papeles en la oficina, Sebastián aprovechaba para descansar en el suyo.

De hecho, Sabrina le había preparado a Sebastián una oficina exclusiva. No solo contaba con computadora, televisión y consola de videojuegos, sino que también tenía una cama y un baño privado.

Así, cuando no tenía pendientes, Sebastián podía ver televisión, jugar videojuegos o incluso echarse una siesta sin que nadie lo molestara.

Ese día, Sabrina recibió una llamada del área de proyectos. Le avisaron que por la noche habría que firmar un contrato importante y que era necesario que el responsable de la empresa estuviera presente en persona.

Al colgar, Sabrina estaba a punto de marcarle a Sebastián para avisarle y pedirle que se preparara, pero de repente recordó que últimamente él se veía cabizbajo y hablaba menos de lo habitual.

Se dio cuenta de que, debido a la carga de trabajo, apenas había tenido tiempo para fijarse en cómo estaba Sebastián.

Pensando en eso, decidió ir a buscarlo ella misma. Así, además de avisarle sobre el contrato, podría preguntarle si tenía algún problema.

Justo al pasar por la sala donde preparaban bebidas, Sabrina escuchó la conversación de dos mujeres.

Una de ellas decía:

—Ya mejor déjalo, te lo digo en serio. Ese Sebastián ni caso le hace a las mujeres, vas a acabar desilusionada.

—Hace poco, una secretaria súper guapa del área de administración le estuvo llevando almuerzo casero toda la semana. ¿Y qué crees? Ni siquiera los volteó a ver, los tiró directo a la basura.

—Y la vez pasada, Natalia fingió tropezarse para que Sebastián la atrapara y, ¿qué crees que hizo? La empujó y Natalia se cayó tan fuerte que hasta perdió un diente.

—Ah, y tiene una lengua súper venenosa. Una vez una chava fue a declararle su amor y la hizo llorar con lo que le dijo.

—Tú apenas llegaste, pero hay muchas cosas que todavía no sabes. Mejor mantente lejos, tiene un carácter bien raro.

La otra voz sonaba al borde del llanto.

—Hace rato fui a buscarlo y me dijo que mi perfume apestaba, que parecía una espantosa y que me largara. ¡Habla de una manera tan cruel!

Sabrina, al principio, no les prestó atención. Pero en cuanto escuchó el nombre de Sebastián, se detuvo en seco.

¿Ese Sebastián del que hablaban era el mismo Sebastián que ella conocía?

—Ya, mejor mantente lejos. Igual y le gustan los hombres.

Capítulo 1085 1

Capítulo 1085 2

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