Sabrina asintió con la cabeza.
—Sí, esta noche tengo que firmar un contrato muy importante.
Sebastián, con una expresión impasible, musitó:
—¿Ah, sí? Yo pensaba que después de tener a Diego Cornejo, ya no me necesitabas.
La frase se sintió rara, casi fuera de lugar.
Sabrina respondió:
—¿Cómo crees? Tú y Diego Cornejo no son lo mismo.
Los ojos de Sebastián, oscuros como la noche, se clavaron en el rostro de Sabrina.
—Ambos trabajamos para ti. ¿En qué somos diferentes?
Sabrina se quedó en blanco, sin haber considerado esa pregunta antes. Por un momento, no supo qué decir.
Fue entonces que alguien tocó suavemente la puerta de la oficina.
Desde afuera, se escuchó la voz de Diego Cornejo.
—Señorita Ibáñez, tengo un documento urgente que necesita revisar.
Sabrina contestó sin pensarlo:
—Ve a la oficina, en un momento regreso.
—Entendido.
Se escucharon pasos alejándose; Diego Cornejo se marchó.
Cuando él se fue, Sabrina volteó hacia Sebastián y le dijo:
—Hache, no pienses cosas que no son. Tú me salvaste la vida, eres la persona en quien más confío. Diego Cornejo jamás será más importante que tú.
La cara de Sebastián seguía igual de inexpresiva.
—Jorge también te salvó. ¿Eso quiere decir que él también es muy importante para ti?
Sabrina sentía que Sebastián estaba más raro que nunca ese día. Pero tenía prisa por revisar los documentos y preparar todo para la firma de la noche, así que solo le dijo:
—Hache, tanto tú como Jorge me han ayudado muchísimo. Para mí, los dos son igual de importantes como amigos. Bueno, regreso a la oficina. Antes de irme te llamo, ¿va?
Sin esperar respuesta, Sabrina se marchó con paso apresurado.
Sebastián observó su silueta alejarse, su mirada se tornó sombría y dura como el acero.
Al notar su llegada, uno de los hombres se levantó con una sonrisa.
—Señorita Ibáñez, disculpe que no la recibiera en la entrada. Soy Kevin Vargas.
El hombre, de unos cuarenta y pocos años, llevaba lentes sin marco y se notaba su porte autoritario. Él era el socio con el que Sabrina iba a cerrar el trato.
Sabrina se acercó a Kevin con amabilidad y le tendió la mano.
—Presidente Vargas, mucho gusto. Soy Sabrina.
Kevin le estrechó la mano, pero justo al soltarla, Sabrina sintió la caricia invasiva de los dedos de Kevin deslizándose por el dorso de su mano.
La mirada de Sabrina se volvió cortante, aunque se contuvo.
Kevin la invitó a sentarse a su lado.
—Dicen que Eva es la mujer más bella de nuestro círculo, pero no esperaba que la señorita Ibáñez fuera tan elegante y distinguida. A decir verdad, no le pide nada a la famosa Eva.
Sabrina, sin mostrar emoción alguna, replicó con serenidad:
—Presidente Vargas, ¿quisiera revisar algún detalle del contrato antes de empezar?
Pero Kevin mantenía la vista fija en Sabrina, sin apartar la mirada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...